
100 balas: primer volumen, de Brian Azzarello y Eduardo Risso
“¿Y si un desconocido se te acercase, te diese pruebas irrefutables de que tu desgraciada vida se debe a un acto concreto de una persona en particular? ¿Y si en el mismo maletín en el que están esas pruebas hubiese una pistola y 100 balas que ni la policía podría rastrear? ¿Qué harías?”. Esto es lo que reza en la contraportada de 100 balas y yo podría haberme inventado algo que quisiera decir lo mismo, pero tras darle muchas vueltas, pensé que todo lo que se decía ahí resumía a la perfección toda esta obra maestra. Porque sí, cuando nos ponen en una situación que requiere de una actuación por nuestra parte, todos pensamos que haríamos lo mejor, lo bueno, lo que se presupone que es el bien, pero no nos engañemos, en lo más profundo, cuando algo nos duele de verdad y sabemos quién es el culpable, una parte de nosotros quiere la venganza. Es simple. Nos vengamos, cierto equilibrio llega, y continuamos con nuestra vida. Es ahí, en esa toma de decisiones, donde nos la jugamos. Yo tendría que pensármelo dos veces antes de tomar una decisión, pero no por miedo a lo que esa situación se lleve a cabo, sino a que me desborde. ¿La posibilidad de vengarnos y que no haya ninguna consecuencia? ¿No es el sueño de muchos en algún momento determinado? Así es como me fui metiendo de lleno en esta novela gráfica que más que eso parece una novela a secas, que te introduce en un mundo tan oscuro como puede serlo el de el alma humana y te deja con una tormenta de ideas en la cabeza, prestas a querer salir por tu garganta. Quizá no exista nada parecido en el mercado, de ahí que se considere ya una serie de culto entre los conocedores del mundo comiquero. Yo, desde luego, no me había encontrado nada igual hasta ahora.