
Libros educativos para descubrir el mundo 15
Siempre me ha gustado aprender. Desde pequeño, como niño raro que era, me quedaba absorto leyendo cosas nuevas, datos nuevos que me ayudan a entender un poco más lo que giraba a mi alrededor. Así, desde que yo era un enano, recuerdo que cuando un libro educativo entraba en mi casa, yo corría a sentarme en el sofá y a leerlo con voracidad. Parecía, aunque en el futuro eso no se haya hecho realidad, uno de esos investigadores que iban a resolver la fórmula magistral que nos daría la vida eterna. Y mi madre se apoyaba en el umbral de la puerta y miraba cómo su niño pasaba las páginas y no hacía otra cosa que leer para, poco tiempo después, recitar con una voz aguda: mamá, mamá, mira, ¿tú sabías que…?, y así hasta el infinito y más allá. Por eso siempre que puedo hablo de este tipo de libros que para mí supusieron un punto y a parte en el planteamiento de lo que era la realidad y, lógicamente, una apertura mental que, si se me permite la licencia, hoy en día cuesta encontrar. Por eso, por la libertad que dan los libros, hoy estoy aquí de nuevo para que los niños aprendan, aprehendan, y después salgan al mundo con otra mirada, mucho más limpia.