
La promesa de Kamil Modrácek, de Jirí Kratochvil
Bajo tierra están las mazmorras y las catacumbas, el infierno y la salvación. Ahí donde los avestruces esconden la cabeza cuando se sienten en peligro, mandamos nosotros a nuestros muertos a ver si consiguen un billete para arriba o se hunden más abajo, y situaban los clásicos el inframundo, donde, si se seguían las instrucciones correctamente, podía el héroe resucitar y traer de vuelta a su amada. La carga simbólica de la estancia bajo tierra es, posiblemente, inherente al ser humano y no ha perdido fuerza a lo largo de lo siglos, sino más bien al contrario.
Hace unos años el cineasta serbio Emir Kusturica deslumbró a sus seguidores, entre los que me cuento, con una apabullante película titulada Underground, en la que una familia se refugia en su sótano para huir de los nazis. En La promesa de Kamil Modrácek, estos elementos, guerra, nazis y sótano se combinan de una forma completamente diferente, pero igualmente poderosa, en una obra original, divertida y absolutamente deslumbrante.