
Antigua luz, de John Banville
Una novela sorprendente que demuestra que la sensualidad y el humor no están reñidos con la lucidez y el talento.
Donde antes había habido chicas y madres,
ahora había algo que no era ni una cosa ni otra,
y no sabía cómo tomármelo.
Dicen que el amor es ciego, y no es necesario indagar mucho para constatar que al menos un poco miope sí que es. Una de las pruebas más evidentes de la falta de agudeza visual de Cupido es lo poco que se fija en las edades de aquéllos a los que ensarta con sus flechas. No es nada infrecuente que un adolescente se enamore de un adulto, ¿quién, cuando apenas se le comenzaban a despertar ciertos sentimientos, no ha caído rendido ante los encantos de un profesor o una maestra? Bueno, en realidad yo mismo: será debido a mi poca imaginación o a mi escasa memoria, pero no recuerdo que me pasara nada parecido.