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Crónicas de la Adolestreinta, de Laura Santolaya del Burgo

Crónicas de la adolestreinta

Crónicas de la adolestreintaLos treinta, ¿una edad terrible o la mejor edad? Esta es una de estas preguntas que, según a quien se la plantees, obtendrás una respuesta totalmente diferente. Si preguntas a una persona de cincuenta o sesenta años probablemente te contesten que es la mejor edad y que volverían a sus treinta sin dudarlo, pero si preguntas a un veinteañero… Ahí es cuando verdaderamente la cosa se complica. Para un veinteañero cumplir los treinta significa despojarse de su juventud para convertirse en una persona completamente adulta que debe enfrentarse a los problemas con madurez y responsabilidad. Pensándolo con más calma,  el veinteañero se da cuenta de que este pensamiento es absurdo y que está entrando en pánico. Pero luego llega el gran amigo Google y cuando teclea “Tengo treinta años y…” le sugiere frases como “y no tengo novio”, “y vivo con mis padres” o “y no tengo nada”. De esta forma entra en bucle otra vez y odia este número que cada vez le resulta más terrorífico, el 30.

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Los lunes me odian

los lunes me odian

Los lunes me odian, de Laura Santolaya del Burgo

los lunes me odianQuerido lunes: te odio. Así, con fuerza. Por hacerme levantarme y que empiece la semana. Por hacer que suene el despertador cuando todo podría ser un domingo eterno. Por hacer que se acaben mis vacaciones y tener que volver a la rutina. Por tantas cosas que hoy, que es lunes encima, te digo que te odio, con todas las letras, y con libro mira, que no todo iban a ser malas noticias. Y es que como dice el título, yo lo sé, Lo lunes me odian. Es una relación tensa, difícil. Cuando yo abro el ojo, cuando suena ese pitido que anuncia que se han acabado las horas de tranquilidad, vas tú lunes y te ríes de mí, que sí que sí, que yo he visto que te ríes de mí, con esa sonrisa de niño pequeño que ha hecho alguna trastada y a mí me toca hacer el papel de adulto. Sí, lo siento, te odio lunes, con toda mi alma, con todo mi corazón, pero reconoce que has hecho méritos porque te odie, porque te aborrezca, porque sí leche, que no se puede ser tan puñetero. Y aunque en el fondo me ría, tú sabes que yo no te tengo ninguna simpatía. Hoy, lunes, día infame y porculero, te escribo a ti, Don Lunes, Don Voy a matar a alguien, Don No me hables hasta que no me haya tomado mi café, escribo esta reseña desde el corazón, porque le odio lunes, le odio como sólo lo puede hacer un enemigo verdadero. Y como yo soy así, le deseo lo mejor con un libro, para que vaya haciéndose a la idea de que la batalla contra los lunes, contra ti, la he ganado yo y no tú. Querido lunes: le odio. Pero eso no significa que no pueda reírme de usted todo lo que me apetezca.

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