
Queridos amigos, nada había leído de Mierilla Calafell, porque al parecer ella solo escribe en catalán y aun cuando sé que podría leerla, cosa que naturalmente he probado en estos días, no este poemario titulado Tantas Mudas, también me he dado cuenta que al hacerlo me falta algo; leer en catalán puede ser todo lo fácil que uno quiera cuando conoce el idioma, pero al leer, incluso mentalmente, no es lo mismo entonar la musicalidad que precisa, seguramente la de ella misma, no la mía que en catalán deja mucho que desear. Porque hablar de política en la intimidad nunca será lo mismo que leer poemas por muy en la intimidad que lo intentes, necesito de alguien que me dé los acordes para poder afinar la música de la lectura, y que los versos me transmitan lo que le pido al poema para que me provoque esos sentimientos que de forma natural han de surgir de él.
Así que leí el poemario que tenía traducido por Flavia Company, y los dos primeros poemas me dejaron fascinada; vean, aquí les dejo ese segundo que aun me ronda por la piel:
Literatura
No te ha besado y se ha ido con prisa,
Y ha llegado a casa, y ha encendido el ordenador,
Y ha escrito no te he besado, no te he besado la boca
Y ahora que hago yo de este quererte en los labios.
Hace literatura. Solo literatura.
Tras algún que otro poema seleccionado al azar, y esta vez sí, aunque saben que casi nunca lo hago, leer con sumo cuidado eso que algunos llaman “Prologo” y que la traductora ha llamado Metamorfosis, la devoro, porque quiero comprender; y entendiendo y disfrutando de esta introducción decido ponerme en contacto con la propia traductora para hacerle una pregunta que seguro que muchos de ustedes han pensado.
Si es casi seguro que esta autora conoce el castellano ¿Porqué no se traduce ella misma?
Flavia ha sido muy elegante en sus contestaciones, se nota que aprecia a la autora, y me habla de que no es lo mismo conocer una lengua que crear con ella.
Y yo lo he sentido por la autora… Porque todo el mundo sabe que me fijo mucho en los traductores en la literatura en particular, pero la traducción e interpretación en poesía, que yo misma he hecho en alguna contadísima ocasión y de la mano de una amiga, tiene, desde mi punto de vista, un precio, deja de ser el poema que nació para convertirse en otro poema, porque un poema no es una novela en la que puedes traducir conservando, no sólo la historia, sino también su trasfondo. No dudo que Flavia ha sido respetuosa con su traducción, es lo que tiene no solo saber escribir poesía en varios idiomas, sino saber sentirlos, y es por eso por lo que la felicité al terminar la conversación…
Me gustan los poemas cortos, los poemas que en nada dicen todo:
Todavía
Todo sobra en este verso
si no te regresa a casa.
Tan cierto, ya lo ves: todavía
Escribir es esperarte.
Esto es lo que queda en quien espera todo de cuatro versos. Cuatro versos que forman un poema, un poema que es una historia, que es la vida, porque la literatura ¿Es algo distinto de la vida?
Me gusta lo que he sentido con estas lecturas, me ha gustado ver que ha sido capaz de transmitirme emociones especiales, y ese debe ser el trabajo del poeta, de la poeta o poetisa, de la dona, sin acento, que dóna no solo lo que la literatura le dóna, sino lo que la vida le da como dona… Palabras con las que juega en su poema final.
De hecho aquí les dejo ese último poema que a la vista de unas pequeñas indicaciones que da la misma traductora ustedes mismos pueden, seguro, comprender.
Diacrític
dona dóna dona dóna
dona dóna dona dóna
dona dóna dona dóna
dona dóna dona dóna
dona dóna dona dóna
que violent és un accent
cuan no fa prou diferencia
Un excelente trabajo de esta Barcelonesa nacida en 1980, y que ya ha publicado en un buen puñado de países. Unos versos que nos hablan de la vida, del amor, del desamor… Y de la literatura, de su necesidad absoluta y de la pequeña necesidad de las palabras, de un pequeño grupo de frases que ni han de forzarse en ser poemas…
Y por si piensan que una reseña no puede acabar nunca en estos puntos suspensivos que tanto me gustan, acabaré diciéndoles que merece la pena leer poesía, y sé que así ya me permiten poner un punto final.