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La vida interior de las plantas de interior

la vida interior de las plantas de interior

La vida interior de las plantas de interior, de Patricio Pron

la vida interior de las plantas de interiorSi pusiéramos una lupa apuntando a cualquier cuerpo, a cualquier ser humano que avance a nuestro lado, con el que nos crucemos por la calle, o que simplemente tengamos la necesidad de saber más de él, comprobaremos que su cuerpo lo recorren millones de caminos en forma de surcos que, gracias a la piel, nos cuentan cómo ha sido su vida, qué rutas ha recorrido a lo largo de su existencia o incluso, si prestamos la debida atención, conoceremos parte de los secretos que aguardan a ser abiertos. Y es que si nos fijáramos bien, si concluyéramos que la vista, que la percepción, es una de nuestras mayores armas, seríamos partícipes de las vidas de muchas de las personas que, simplemente, y con un leve roce, se cruzan en los caminos de todos nosotros. La vida interior de las plantas de interior es como es lupa que nos ayuda a entender lo que rodea a todas aquellas personas que, como nudos en una misma cuerda, acaban influyendo en la vida de otras personas, que comparten una historia aunque sus ojos digan lo contrario, aunque sus cuerpos se encuentren a metros de distancia, aunque las almas no se toquen y ni siquiera se huelan. Es un foco en forma de libro sobre esos pequeños detalles que marcan una vereda, sin llegar a mundos de Oz imaginarios, porque al final lo importante es la realidad, esta puta realidad que nos ha tocado vivir y que, sí, puede estar llena de mierda, que nos huele y que nos hiere, pero al fin y al cabo, somos nosotros los encargados de tomar la decisión definitiva: revolcarnos en ella o huir como alma que lleva el diablo. No encontraremos aquí vidas fáciles pero es que, de todas formas, ¿qué vida lo es?

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Nosotros caminamos en sueños

nosotros caminamos en sueños

Nosotros caminamos en sueños, de Patricio Pron

nosotros caminamos en sueñosLas guerras son distintas, pero en el fondo se parecen. Todas acaban con vencedores y vencidos, como si se tratara de un chiste malo que se repite una y otra vez, sin descanso. El verdadero motivo de una guerra puede ser cualquiera – religión, política, un conflicto enquistado absurdo -, pero en cualquier caso sirve de chispa para que saltemos y nos convirtamos o bien en asesinos o bien en víctimas. Aunque en realidad, ahora lo que pienso, todos somos víctimas en un juego movida por una mano invisible, por alguien que siempre está por encima de nosotros y que nos olvida en el mismo momento en que nuestros ojos se cierran. Nosotros caminos en sueños es guerra, sí, pero también es espectáculo, que como decía Queen, debe continuar, y lo hace a borbotones, con la sangre recubriendo la tierra removida, con el sinsentido de lo que no se comprende a la perfección, con la verborrea que se expulsa por la garganta pero que no deja de ser un mensaje sin significado, o con las bombas que nunca caen pero que están ahí, en silencio, a punto de estallarnos en plena cara. Será una forma de vida, lo de las guerras digo, y aunque lejanas allí se encuentran, buscando el momento justo para trastocarnos y evidenciar algo que nos ha faltado siempre: sentido común. Algo tan simple, pero que tanto escasea. Una vida llena de metralla que se incrusta en el lenguaje, ese que el autor sabe manejar de maravilla, que nos vuelve combatientes en una lucha que, aunque no hayamos vivido, ya hemos hecho nuestra. Porque en el fondo, como bien dice Patricia Pron, la guerra es una puta mierda, pero es una mierda envuelta siempre en palabras con grandilocuencia, con un disfraz de salvar a la patria que, muchas veces, se convierte, simplemente, en la pura supervivencia de la especie.

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