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Dieciocho meses y un día, de Paz Castelló

Dieciocho meses y un día

Dieciocho meses y un díaLas movilizaciones del 8 de marzo, en defensa de la equiparación de derechos entre mujeres y hombres, fueron todo un éxito en toda España («Desde el ‘No a la guerra’ y la de Miguel Ángel Blanco no había visto nada así», oí decir en más de una ocasión). Sin hacer un análisis profundo, no cabe duda de que una de las principales razones de ese apoyo masivo que demostró la sociedad española es que las peticiones que se hicieron en las calles y plazas de nuestro país eran (y son) tan razonables como justas: eliminar la brecha salarial, combatir con mayor eficacia la violencia machista, fomentar desde las escuelas el conocimiento de los logros de las mujeres a lo largo de la historia… De entre ellas, hubo una que, escuchada a modo de lema, me revolvió por dentro: «Las calles de noche también son nuestras». Qué tristeza, pensé, tener que pedir a gritos algo tan básico.

Ese miedo a la violencia machista lo ha recogido excelentemente Paz Castelló en su tercera novela, Dieciocho meses y un día, aunque de una forma poco habitual. Y es que en esta historia ya no se puede hacer nada por la víctima: Lola fue asesinada a tiros por un motorista hace algo más de un año. Su amiga Sabina logró reconocer bajo el casco a Eugenio, su exmarido, pero no consiguió convencer al juez de ello y la coartada que le ofreció su nueva novia bastó para que fuese absuelto. Además, desde el mismo momento en que se produjo el incidente Sabina, pintora de profesión, desarrolló una severa agorafobia, que le hizo encerrarse en su ático de Peñíscola a cal y canto. No obstante, una vez que conoce la noticia de la puesta en libertad de Eugenio, decide buscar la forma de que se imparta justicia, con la esperanza añadida de que eso sirva para poder poner fin a su cautiverio autoimpuesto.

Castelló, que ya dio muestras el año pasado de su talento en el campo de la novela de suspense con Mi nombre escrito en la puerta de un váter, cambia completamente de temática, aunque no abandona su particular forma de construir el entramado de la novela. Así, la escritora alicantina continúa dando suma importancia a la creación fidedigna de los personajes, a los cuales va dotando de personalidades más o menos complejas por medio de las largas descripciones de estos y de la inclusión de monólogos interiores, sobre todo en el caso de la protagonista, Sabina Lamer. Esto nos permite conocer los motivos que la llevan a prolongar su encierro voluntario y contribuyen a empatizar con su causa, aunque esta no sea otra que acabar con la vida del asesino de su amiga para volver a recuperar la suya.

La trama se va cocinando a fuego lento y hasta bien pasado el ecuador del libro bien podría parecer que nos encontramos ante una foto fija, en la que todo gira en torno a la angustiosa situación vital de Sabina. Pero al igual que en su anterior novela, Castelló sabe cuándo debe tocar las teclas adecuadas para provocar giros inesperados de guion y mantener al lector pegado al texto. Así, al tiempo que con sus cuidadas descripciones te mantiene pendiente del tortuoso hacinamiento en el que vive la protagonista, va intensificando la trama poco a poco, sin prisa ninguna, hasta que, sin darte cuenta, como les ocurre a los cangrejos cuando son cocidos, te acaba abrasando en el tramo final del relato.

Dieciocho meses y un día, ganadora del premio Letras del Mediterráneo, confirma a Paz Castelló como una maestra en el manejo de los tiempos y renueva la manera de plantear un tema tan incómodo como, por desgracia, habitual: la desprotección a la que se ven sometidas tantas y tantas mujeres por el simple hecho de serlo.

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Mi nombre escrito en la puerta de un váter, de Paz Castelló

Mi nombre escrito en la puerta de un váter

Mi nombre escrito en la puerta de un váterAún no lo he vivido en mis propias carnes, pero es por todos conocido que la aventura por la que tiene que pasar un escritor novel —e incluso no tan novel— para publicar sus obras hoy en día es enormemente compleja y, en muchos casos, desoladora. Es cierto que actualmente el recurso de la autoedición está al alcance de todos; hay varios ejemplos de personas que han conseguido llegar a un público numeroso a través de este método, pero si obviamos estos casos puntuales, de nuevo la realidad nos muestra como, casi diariamente, libros en los que sus autores han puesto horas y horas de esfuerzo y de cariño quedan huérfanos de lectores. Esto que se debe, seguramente, más a la dificultad para hacerse ver en el hiperpoblado mundo literario que a la calidad de los textos.

Mauro Santos, el protagonista de Mi nombre escrito en la puerta de un váter, la última novela de Paz Castelló —quien, por suerte, sí que ha encontrado una editorial que le publique sus obras— es uno de esos escritores de indudable talento al que, sin embargo, no le ha acompañado la suerte a la hora de difundir sus textos. Por cosas del destino Germán Latorre, un conocido presentador de televisión, descubre su trabajo y le ofrece escribir para él, de forma que las novelas resultantes se publiquen bajo el nombre de Latorre. Que sea su negro, vaya. La relación es un éxito, tanto a nivel económico como de prestigio, debido a la calidad de los textos y a la fama del falso escritor, pero un buen día Mauro, cansando de que éste se lleve sus méritos, decide dejar de escribir para él. Esta situación se une a su participación en un reality literario en el que, para más inri, uno de los miembros del jurado es su antiguo mecenas, que hará todo lo que esté en sus manos para obligar a Santos a retomar su trabajo a su sombra.

La novela me enganchó desde muy pronto y creo que eso se debió en su mayor parte al estilo narrativo de la autora. Periodista antes que escritora, Castelló demuestra ser una gran creadora de tramas, ya que en esta novela las tenemos de todo tipo: un triángulo amoroso, toques de humor ácido, una fuerte crítica a los medios de comunicación y a la industria editorial, una pizca de esoterismo…y más ingredientes que prefiero no mencionar para no desvelar demasiado, ya que considero que otro de sus grandes alicientes es la capacidad de sorprender y de dar fuertes giros al guion, especialmente a partir de la segunda mitad del libro. Aunque confieso que intuí el final—son muchas horas de mi vida invertidas en ver capítulos de Castle—, Castelló ha logrado que fuese alargando mis sesiones de lectura noche tras noche. Las ojeras del día siguiente, muchas veces, son el síntoma de cuanto te está gustando un libro (y las mías han sido grandes y profundas).

No voy a desvelar más, por tanto, pero no puedo sino recomendar esta lectura a todos aquellos que quieran disfrutar de un relato que atrapa desde el principio, con unas subtramas y unos personajes muy bien construidos. Tengo la intuición de que Paz Castelló no va a tener que hacer de Mauro Santos para ningún Latorre aunque, tal y como vende la situación del mercado editorial en Mi nombre escrito en la puerta de un váter, no me quiero ni imaginar la cantidad de escritores que vivirían felices en ese papel.

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