
Coral Glynn, de Peter Cameron
Las personas podemos ser lugares. Donde perdernos, donde exiliarnos del sufrimiento, donde resguardarnos del frío e incluso del calor más agobiante. Somos lugares donde caer y levantarse, donde hablar y crear relaciones, enlazando palabras con el paisaje, con nuestro propio paisaje, y después echándolas al exterior para que todos aquellos que nos rodean sepan descifrarnos. Somos paisajes, crepusculares o directamente nocturnos, que descansan en los brazos de otros. Por ello a veces nos perdemos, no vemos el fondo, sólo el paisaje, como si fuéramos ilusiones ópticas que engañan a los ojos y que no nos permiten avanzar lo suficiente. Coral Glynn es una persona, una mujer que deja su pasado y comienza una nueva vida, pero también es un lugar, un lugar en el que entran personas mientras las puertas se abren silenciosamente, casi sin ruido, pero que dejan escapar el aire a través de las ventanas. Porque suele decirse que en el dolor y en el amor, las líneas que los dividen son demasiado sutiles como para poder observarlas. Quizá sea una palabra, quizá una situación determinada, o incluso un simple gesto que haga que todo explote. Y es que de lo que aquí hablamos es de eso, del amor y el dolor, de la tristeza y la alegría, de estancarte y seguir tu camino… de la vida que se crea y que, a veces, se destruye. Eso y más es Coral Glynn y estáis a punto de descubrirlo con vuestros propios ojos.
