
Palabras al aire, de Sagrario Fernández – Prieto
Mi vida se rodea de varias cosas: libros, un ordenador, y ganas de escribir. Pero resulta que, vas inspeccionando por la gente con la que te cruzas, y resulta que no todo el mundo tiene el mismo tacto a la hora de escribir. Sin más, aquí un ejemplo: “acavo de llegar de la plalla”. Quien me escribió esto (que ya es difícil, teniendo en cuenta que hoy en día, en los teléfonos móviles hay una cosa que se llama corrector) no sólo no supo por qué le reprendía y le decía que no se escribía así, sino que, además, me dijo que qué importaba, que ya le había entendido. Y sí, es cierto, le había entendido, pero como leí alguna vez: escribir bien es gratis. Así que yo, que siempre que puedo intento conocer palabras nuevas, saber cómo se escribe, etcétera, cuando aparece un libro que trata sobre lo mal que escribe la gente, voy a por él. Es una pura cuestión de masoquismo, bueno, de masoquismo y de reírme un rato la verdad, porque hoy en día, que la gente escriba tan mal y meta la pata de tantas maneras atroces no deja de tener un punto cómico que me hace soltar la carcajada más pura. Carcajada y miedo después, todo hay que decirlo. Así que cuando Palabras al aire cayó en mis manos, recordé la cantidad de veces que, leyendo el periódico o viendo la televisión, me han explotado los ojos o los oídos al oír cómo la gente no se preocupa en echarle un vistazo a su texto y corregirlo. ¿Signo de los tiempos que corren? Puede ser, pero eso no es excusa señores. Eso no es excusa, para nada.