
Todos tenemos desde pequeños grandes viajes que esperamos realizar en un futuro. Uno de los míos es conocer la India, y por fin este verano podré cumplirlo. La India, un país gigante, con una riqueza cultural y lingüística superior a otros continentes. La undécima economía del mundo y el segundo país más poblado. Se mire por donde se mire, la India no resiste comparación, todo en ella se mide a lo grande, incluso la pobreza. Por eso es un viaje difícil para los occidentales, que repiten mucho aquella frase de “cuando conoces la India, la amas o la odias”.
Yo espero amarla, y lo mismo piensa Chloe, la protagonista de Destino Sadabad cuando deja París para conocer a su única abuela, residente en dicha ciudad, cuya existencia desconocía. El lujo parisino en el que se ha criado Chloe dista mucho de parecerse a lo que se encontrará nada más aterrizar en la India, y más cuando tras unos problemas técnicos, su vuelo es desviado desde Nueva Delhi a Bombay, lo que la obligará a recorrer un largo viaje de miles de kilómetros hasta su destino. Un viaje que se convertirá, casi sin darse cuenta, en un curso acelerado de conocimiento personal y superación, descubriendo cosas de sí misma y de su familia que hasta ese momento desconocía.