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¡No os rindáis!

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¡No os rindáis!, de Stéphane Hessel

No-os-rindáis¡Sed ambiciosos! ¡No os rindáis! 

Estas son las últimas palabras que nos dejará Stéphane Hessel en un texto que ya desde las primeras palabras sonaba a despedida. Su adiós fue compartido por muchos de los que, desde hace tiempo, se sentían fieles a las palabras que nos regaló en su otro título, que ya reseñamos en Libros y Literatura aquí, y que contribuyó indudablemente a que la indignación se contagiara como un virus, aunque en este caso positivo. No hay que olvidar el pasado de un autor que luchó por la libertad y que seguía luchando, desde su perspectiva, por un mundo que él creía a todas luces mejor para el ser humano, teniendo a este como uno de los puntales básicos. Por eso cuando la noticia de su muerte saltó a los medios de comunicación, aquellos que han deseado un cambio de conciencia, se sintieron un poco más huérfanos, pero con una idea fija en la mente, la que siempre se ha tenido, que no es otra que luchar por lo que creemos justo. ¿Puede alguien criticarlo? Si alguien piensa que sí, es tan sencillo como leer este pequeño manifiesto que traduce, palabra por palabra, aquello que en su despedida, el autor mantiene por encima de todo: es necesario un cambio. Pero no una superficial, sino uno de base, en el que todos podamos formar parte de una nueva estructura. Será sólo entonces cuando la indignación pueda transformarse en construcción y en un futuro mucho mejor, irremediablemente, para todos.

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¡Indignaos!

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¡Indignaos! de Stéphane Hessel

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Por ahí hay un refrán que dice que lo bueno viene en frasco chico; y si lo aplicamos al libro que hoy reseño, la frase no puede ser más real; ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel debería estar en la biblioteca de cada casa, y el contenido de sus palabras, en las acciones cotidianas de quienes ansiamos vivir en una democracia real, ya. El tamaño del libro no sería un inconveniente, porque se vende en edición de bolsillo, y el precio tampoco, ya que se consigue por menos de cinco euros.

Y se lee en una hora, como mucho. Porque el manifiesto de Hessel, dejando de lado la introducción de José Luis Sampedro, las notas y el prólogo de los editores, apenas ocupa 14 páginas, de las 60 que posee el libro. No hay excusas para no leerlo, porque más que un pasatiempo, leerlo significará una inversión, una apertura mental y muchos consejos sabios y pacíficos que tendremos ganas de aplicar apenas cerremos el libro.

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