
La tierra de nuestros padres, de William Nicholson
Provengo de una larga lista de errores. Y de una historia de amor verdadera. Así es como se cuenta el amor, un amor que resulta épico a los ojos del lector que lo mira. La Historia, mezclada con los sinsabores de la guerra, de las consecuencias del miedo y el terror, buscando a toda costa unos brazos que rodeen nuestro cuerpo, ese cuerpo que tiembla por el frío y por los recuerdos. Una historia de amor verdadera, de aquellas que hacen recorrer una pequeña brisa alrededor del cuerpo, que remueve, que palpita con la misma sangre que bombea en nuestro corazón, que nos miente con sus palabras cuando lo realmente importante son los silencios. Eso es La tierra de nuestros padres. Un viaje, a lo largo de los años, a lo largo de dos amores que se encuentran y se separan, que se miran en la distancia, que se equivocan y aciertan, como un juego de azar en un casino de los sentimientos. Saber lo que se siente, lo que nos hace disfrutar del amor, de lo que la Historia, de nuevo la Historia, nos hace recorrer, escondiéndonos por los huecos que dejan los misiles, la metralla que traspasa la piel, que es más mortífera, pero no tan potente, como puede serlo esta historia, una historia de amor verdadera, como pocas, como casi ninguna, observando desde lejos cómo vamos creciendo y cómo nos vamos mintiendo, cada día un poco más.