
Casi siempre les digo que se dejen sorprender por la lectura, que los prólogos unas veces animan a la lectura del libro que tenemos entre las manos y otras pueden echarnos tan para atrás que volvamos a dejarlo en la estantería.
Pues bien, este prologo pueden leerlo cuando quieran, es más, les confesaré que he pensado que si en alguna ocasión escribo un libro, o alguien se le ocurre hacer un libro con mis reseñas literarias, quiero que el prólogo lo haga alguien tan bueno como Manel Bellmut Serrano, que como verán es no solo quien ha realizado el prólogo de esta obra, sino que también es suya la no menos brillante traducción al castellano.
Y digo brillante porque yo, tengo que reconocerlo, no sé polaco y no puedo comparar con el original, pero esta traducción ha hecho que me enamore de la autora, de la que solo conocía, y poco, un puñado de poemas que busqué cuando recibió el Premio Nobel de Literatura. No fue fácil encontrarlos entonces, era 1996, finales del Siglo XX, y no se pueden hacer a la idea de lo mucho que ha cambiado internet mi vida desde entonces.
Por un lado este nombre, Wistawa Szymborska, que por aquellos finales de siglo no lo había oído jamás, esto suele pasar con algunos premios Nobel de literatura, del resto ni hablo; por otro lado está la forma de escribir de esta mujer, el dominio que tiene del vocabulario, la capacidad de concreción para decir tanto en con tan cortas reseñas.
El Premio Nobel se lo dieron por su poesía. Y ella, como suele ser habitual, leyó su discurso al recoger tan alto galardón, y un día yo leí este discurso, años después de ser pronunciado, después también de leer algo más de su poesía y hoy recuerdo, porque no podría ya olvidarlos, algunos fragmentos:
”…No existen profesores de poesía, lo que haría suponer que esta actividad requiere de estudios especializados, exámenes presentados en fechas precisas, disertaciones teóricas rematadas con bibliografía y notas y, finalmente, los diplomas recibidos con solemnidad. Todo esto, a su vez, significaría que para graduarse de poeta no bastarían las hojas de papel, aun cuando estuvieran llenas de excelentes versos, sino que se necesitaría, sobre todo, un papel con sello y firma…”
El final de su discurso fue:
“…De acuerdo, en el habla cotidiana, la cual no recapacita sobre cada palabra, usamos expresiones como la vida común, los acontecimientos comunes… Sin embargo, en la lengua de la poesía, donde se pesa cada palabra, ya nada es común. Ninguna piedra y ninguna nube sobre esa piedra. Ningún día y ninguna noche que le suceda. Y sobre todo, ninguna existencia particular en este mundo.
Todo indica que los poetas tendrán siempre mucho trabajo…”.
Todo su discurso me gustó, casi puedo decir para ser más exactos que me conmocionó, y es por ello que al ver que la editorial Malpaso reunía en un solo volumen toda la prosa de Wistawa Szymborska (¡menos mal que no me escuchan ustedes pronunciar el nombre!), no lo pensé dos veces y me dije, pues este para mí.
Y este es el libro que me ha acompañado en los últimos días allá donde fuera, y me he divertido como nunca pensé divertirme con una poeta polaca, y en la fila del banco o de correos la gente me miraba como si no comprendiesen que me podía hacer tanta gracia en un libro del que no podían pronunciar el nombre de la autora ¡Ya ven!
En realidad he descubierto que estas Prosas reunidas son reseñas literarias publicadas en diversos medios que alguien se ha preocupado de reunir y publicar. Un poco, y salvando las distancias ente una Nobel de literatura y nosotros mismo, como nuestro querido Anuario, pero en este caso solo reseñas y todas de ella, y lo que es más interesante, prácticamente todas las lecturas que utiliza para estos menesteres son ensayos, o en cualquier caso lecturas que ella entiende como no obligatorias, otras lecturas no obligatorias y más lecturas no obligatorias. Una mujer que como ven ha tenido tiempo para leer lo que dicen que importa y lo que quizá importe y no lo sepamos. Una gran lectora, y la imagino ahora también como una persona con un gran sentido del humor, porque sabe reírse hasta de sí misma, y eso es fundamental para reírse de los demás con inteligencia.
Me ha impresionado la capacidad de reflexión de esta mujer, su conocimiento sobre tantas cosas y su sinceridad para decir que algo no es capaz de comprender, o, de llevarlo al terreno en el que ella se mueve con más frescura que el propio autor del ensayo. Es muy ligera pero profunda, incisiva, divertida y coloquial, esto se nota mucho en la traducción, quiere que se le entienda, quiere que sea divertido lo que para ella es un placer, LA LECTURA, y es por ello que ensalza a los autores que le han hecho más sabia y más feliz con lo que han escrito, porque leer un ensayo no debe estar reñido con hacerlo de forma grata e interesante para el lector. Es como el profesor que sabe mucho de su materia pero que no es buen comunicador porque le falta pasión por lo que hace. Esos no deberían ser ni profesores.
Me encanta el ofrecimiento que Malpaso hace a sus lectores para obtener gratis este libro en formato digital, porque les aseguro que las esperas pueden ser mucho más gratificantes, casi desearán cuando lleguen a la consulta médica que esté abarrotada de gente, o dejará de importarles tener que hacer cada día un trayecto largo en metro o autobús poder leer alguna de sus reseñas; son cortas y da tiempo de aprender siempre alguna cosa sobre un hecho histórico, o sobre la vida de un actor, escritor, filósofo…, o buenas y malas biografías, o zoología, antropología, arqueología, botánica, psiquiatría, y otras muchísimas cosas y gentes (y naturalmente donde vean un masculino singular pueden poner ustedes mismos un femenino). Y efectivamente mediante su lectura comprobarán, como bien dice el traductor, que queda perfectamente marcado su antiantropocentrismo, vamos que niega que seamos la culminación del mundo animal y que este nos pertenezca.
Me encantaría poder dejarles aquí una de sus maravillosas reseñas pero no sabría elegir, me sería casi imposible, pero si algún día yo fuese capaz de escribir una reseña como alguna de las suyas no me importaría que fuese como la titulada ¡SEÑORES DEL TRIBUNAL!, que encontrarán en la página 120 y que habla de un libro titulado Animales nocturnos, de Hanna y Antoni Gucwinski, y que termina tal que así:
«… Pero basta ya de lamentaciones, es hora ya de contar un chiste aunque sea viejo. ¡Señores del Tribunal! —dice el abogado durante el discurso de la defensa—, mi honorable oponente se muestra pródigo a la hora de imputar a los acusados los más viles comportamientos humanos. Ayer acusó a un ciudadano de tener la inusitada osadía de robar a plena luz del día. Hoy acusa a otro ciudadano de tener la malevolencia necesaria para robar de noche. Y yo pregunto, Señores del Tribunal, ¿cuándo se supone que deben robar mis clientes?»
O como el titulado ESTÚPIDAS LISTAS, del libro Los cien mayores tiranos, de Andrew Langley, que empieza como se inician muchas de nuestras reseñas que ustedes leen todos los días, reseñas de estos locos lectores que nos dejamos llevar por cualquier cosa para adquirir un libro: La portada, el título, una sensación…
Si por conocer a la poeta y darle un abrazo por hacer de la poesía un lugar para todos hubiese dado cualquier cosa, por haber hablado durante una hora con esta mujer tras haber leído estas reseñas suyas, no sé lo que hubiese hecho, dicho o dado.
Y ya saben que no soy yo muy mitómana…
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