
Me gusta disfrutar de casi todo tipo de géneros en mis lecturas, pero hay uno que siempre está presente: la poesía. Vuelvo una y otra vez a ella porque la poesía es necesaria, es vida, es agitación y descubrimiento. La poesía bien hecha, claro está. Tengo una teoría sobre la poesía joven actual. Bueno, ni siquiera sé si es una teoría y como es mía y no pretendo sentar cátedra, ahí va.
Tenemos, por una parte, a un sector de jóvenes “poetas” que escriben muchos libros, que tienen muchos seguidores (que no es lo mismo que lectores, ojo) y cuyo fin es, precisamente, buscar a ese seguidor contándoles lo que quieren leer. Cuando entro en una librería y veo todos sus libros juntos en la sección de poesía se me revuelve el estómago. Creo que a Miguel Hernández también le pasaría. Me parece genial que los jóvenes lean, que se intercambien libros y hablen sobre ellos. Pero no lo llaméis poesía, por favor.
Por otra parte, hay un sector de jóvenes poetas enamorados de las vísceras. Sus poemas son tan crípticos y tan de intestinos, tripas y demás que al leerlos tengo la sensación de estar en un quirófano. No entiendo nada.
Por último, hay jóvenes poetas que hacen auténtica poesía, que la mantienen viva y la cuidan. Por eso, cuando quiero leer a buenos poetas actuales, recurro, entre otras, a la editorial Baile del Sol, porque sé que ellos también miman a la poesía. Sigue leyendo Manotazos al aire, de Yolanda Ortiz Padilla
