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Juvenilia

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Juvenilia, de Miguel Cané Dejando de lado las despedidas humanas, lo más difícil de mudarse de Buenos Aires a Galicia fue abandonar mi biblioteca. O mejor dicho, tener que armar una lista de los libros prescindibles e imprescindibles y en base a eso hacer las maletas y partir. La mitad de mis 300 libros se quedaron al cuidado de mis padres, a los que les di, cual si de niños se tratase, los mejores consejos para que los cuidaran. El resto de obras se vino conmigo, con la consiguiente cara de sorpresa de la chica de la aduana, que esperaba…

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