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Detrás de sus ojos, de Sarah Pinborough

Detrás de sus ojos

Detrás de sus ojosSecretos, secretos, secretos. La gente está llena a rebosar de secretos si te fijas bien

Hace unos días, la polifacética y todopoderosa, Oprah Winfrey, daba un discurso histórico delante de algunas de las personas más famosas de Hollywood en la la 75 edición de los Globos de Oro al recoger el premio Cecil B. de Mille. El discurso era un poderoso alegato contra el acoso y el racismo que mantuvo a miles de personas pegadas al asiento. En él, también hablaba sobre la fuerza y la importancia de la verdad: “de lo que estoy segura es de que decir la verdad es la herramienta más poderosa que todos tenemos”. La verdad, la mentira y lo que se encuentra entre ellas, los secretos, son armas poderosísimas que mueven nuestras vidas, e incluso, el mundo.

Cuando le confiesas un secreto a alguien, al principio te sientes genial, pero después se convierte en una carga, en un nudo en el estómago, porque sabes que has encerrado algo que no podrás volver a encerrar y que ahora otra persona es dueña de tu futuro. Por eso siempre he odiado los secretos: es imposible guardarlos.

Si digo que a los seres humanos nos atraen los secretos no estoy descubriendo América. Es un hecho. Nos encanta el morbo de lo desconocido, de lo oculto. Todos llevamos un pequeño Sherlock Holmes dentro que no puede resistirse ante un buen misterio. Cuando sabemos que alguien oculta algo, instantáneamente queremos descubrirlo y la realidad es que todos guardamos uno o varios secretos, ya sean más o menos candentes, por lo que el misterio nos rodea miremos a donde miremos. Detrás de sus ojos, de Sarah Pinborough, es una buena muestra de ellos. La novela nos presenta a Louise, una madre divorciada que trabaja como secretaria en una clínica dental y que tiene una vida social casi nula. Una noche conoce a David en un bar y ambos se sienten irremediablemente atraídos, sin embargo, la cosa no va demasiado lejos ya que él se echa atrás en el último momento. Al día siguiente, Louise conoce a su nuevo jefe y no es otro que David que va acompañado de su bella mujer, Adele. Hasta aquí podría tratarse de una historia romántica de enredos más, pero una mañana Louise y Adele chocan en plena calle y comienzan una extraña amistad. A partir de ese momento, Louise se ira adentrando en terrenos pantanosos a medida que va intimando con el matrimonio y descubriendo sus más oscuros secretos.

Sarah Pinborough, nos introduce en una historia que atrapa de la primera a la última página y que, como las matrioshkas rusas, encierra un secreto dentro de otro que iremos descubriendo a través de la voz de las dos mujeres, Louise y Adele, y en dos momentos temporales, pasado y presente. Las dos protagonistas están tan logradas y sus voces tan diferenciadas, que llega un momento en el que podríamos saber cuando habla cada una aunque el libro no nos los especificara al empezar cada capítulo. Además, ambas son unos personajes tan complejos, carismáticos e interesantes, con sus luces y sus sombras, que se hace difícil tomar partido por ninguna de las dos.

Desde el momento en el que abrimos el libro nos vemos atrapados en una telarañara tan adictiva que somos incapaces de cerrarlo hasta saber cómo acaba todo. Pinborough, lo consigue mediante una prosa ágil y sugerente que hace que el suspense se palpe a lo largo de todo la historia, a la vez que la sensación de inquietud e incomodidad que nos provoca el conocimiento de que algo malo va a pasar, va in crescendo.

Detrás de sus ojos navega entre varios géneros cogiendo características de todos ellos: de las novelas de misterio, las de terror, y las de fantasía y ciencia ficción. Sin embargo, a pesar de que pueda parecer algo complicado y confuso, la autora sale más que airosa de esta mezcla y consigue una obra perfectamente construida en la que cada palabra está milimétricamente pensada para llegar a un final de infarto que difícilmente nadie se espera y en el que absolutamente todo encaja. Así bien, sólo me queda quitarme el sombrero ante Sarah Pinborough por haber conseguido un libro tremendamente placentero, minucioso y redondo. ¡Chapó!

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El zoo de papel y otros relatos, de Ken Liu

El zoo de papel y otros relatos

El zoo de papel y otros relatosAsí fue cómo conocí por primera vez a Ken Liu. En las distancias cortas, a través de sus cuentos. Luego llegó la saga aún inconclusa de La gracia de los reyes, cuya reseña yo mismo realicé hace un tiempo. Pero fueron sus historias cortas el principio de todo. La primera vez que oí el nombre del autor era por asociación a un cuento que ganó cada maldito premio que otorgaban al género fantástico. Un cuento sobre origamis con vida y la integración de un chico de origen chino en la bendita América. Cuando pude leer la traducción al castellano de dicho cuento, supe a qué se debía tanto alboroto. Entendí perfectamente qué era lo que movía a todo el mundo a hablar de dicho relato. Las emociones saltaban vivas en la hoja como si estuviera viva, como si el autor tuviera el mismo don que la madre del protagonista, y pudiera darle vida a algo inerte como son las palabras impresas. Aquella historia fue, es y será su buque insignia. De hecho, El zoo de papel es el título de aquel cuento inolvidable y también el de esta antología de quince relatos que, a mí parecer, es donde el autor brilla con más fuerza. Porque lo que uno descubre tras gastar el tiempo entre estas páginas es que el cuento de los origamis no era el plato fuerte, sino el entremés que se usa en los banquetes para ir haciendo boca.

La capacidad para asombrar con elementos recurrentes es algo que me empuja a seguir recomendando a Ken Liu. Aquí hay viajes en el tiempo y criaturas cambiaformas. Hay odiseas espaciales y conspiraciones privadas de control y seguimiento. Sin embargo, parece que no haya leído un relato de ciencia ficción o fantasía en mi vida. Siempre hay una vuelta de tuerca, una emoción agazapada que me acaba llevando de la mano a la sorpresa. A la sonrisa que acompaña esos puntos finales que no veías venir. Si tengo que destacar este planteamiento en alguno de sus cuentos es en Como anillo al dedo donde una empresa aboga por facilitar el acceso a la información siempre y cuando dejemos todas las puertas de nuestra vida abiertas. O en Cambio de estado cuyo tramo final otorga un nuevo sentido a toda la historia, incitándote a la relectura. Sin embargo, hay incluso un Ken Liu que me gusta más que éste. El tradicionalista. Aquel que utiliza la empatía con el lector para llegar a los más bellos pasajes que puede ofrecer esta colección. No hablaré más de El zoo de papel puesto que creo haber dicho ya demasiado. Pero sí me gustaría lanzarme con Mono no aware, expresión japonesa que viene a decir que nuestro tiempo es finito y que todo pasa para dejar lugar a otra cosa. En este relato el único superviviente japonés de una catástrofe mundial viaja por el espacio mientras desentraña su pasado, sus raíces y la importancia que tenemos como conjunto y no como individuos aislados. Y es en este tipo de momentos donde el lector pasa por emociones que no suele ofrecérseles en este genero. Uno trasciende el cuento y logra entender el mensaje que subyace, que la mayor parte de las veces poco tiene que ver con avances tecnológicos o trucos de magia.

No quería dejarme en el tintero los juegos de estilo que prevalecen en algunos de estos cuentos. Ken Liu sabe utilizar muy bien las herramientas de su oficio y se permite lujos formales que le dan a algunas de sus historias el aire de otra cosa. Citar por ejemplo Acerca de las costumbres de elaboración de libros en determinadas especies o Manual corporativo ilustrado de sistemas cognitivos para lectores avanzados es obligatorio y necesario. Ambos cuentos, sutilmente relacionados entre sí, nos explican las estructuras mentales de otras especies inteligentes que habitan ahí fuera. Si bien estos relatos carecen de una narrativa típica –sobre todo el primero- persisten en el recuerdo debido a la inventiva de su propuesta y al multiperspectivismo fantástico que ofrecen. Todo un alarde de imaginación desbocada por parte del señor Liu.

No quería acabar esta reseña sin hablar de dos cuentos que me han dejado torcido en el asiento mientras los leía. El maestro de litigios y el rey mono y El hombre que puso fin a la historia: documental. En ambos casos, la clave de fantasía es una mera excusa para hacer algo mucho más importante: denunciar ciertos hechos históricos sufridos por el pueblo chino y cuyo conocimiento en Occidente es reducido o insignificante. Quiero centrarme sobre todo en el segundo relato, donde se habla de forma profunda sobre el Escuadrón 731 y los abusos cometidos por parte de los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. La novela corta sobrecoge y, aviso para navegantes, no es apta para todos los públicos debido al a dureza de algunos de sus pasajes. Sin embargo, es de obligatoria lectura. Puedo decir que frente a los otros cuentos que te emocionan o te divierten, éste en concreto te ilustra, te enseña y te enfrenta a tu propia ignorancia. La repercusión social de este documental escrito acaba saliéndose del libro y cobra vigencia sobre asuntos de los que hoy en día aún se habla. Hablo de fosas comunes, hablo de desparecidos, hablo de la importancia que dejamos de darle a la Historia obligándola a manifestarse una y otra vez.

Los cuentos de Ken Liu tienen una temática muy concreta. La inmigración o la capacidad de adaptarse a lo nuevo. La denuncia o la lucha contra los derechos humanos. El olvido o la fuerza de voluntad de algunos pocos que nos exhortan a recordar. Sí, parece mentira que todo esto vaya asociado a cuentos de fantasía o ciencia ficción. Pero si algo aprendes con El zoo de papel es a salirte del paradigma manoseado que tienes del mundo y de tu realidad. Porque suceden tantas cosas para las que no tenemos nombres y todas ellas están esperando una oportunidad para presentarse en tu puerta y sacarte de tu pequeña zona de confort.

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La gracia de los reyes, de Ken Liu

La gracia de los reyes

La gracia de los reyesSi el nombre de Ken Liu te suena de algo es por el hecho de haber ganado todos los premios de ciencia ficción con sus maravillosos relatos cortos. Historias breves que han sido bien recogidas en la colección The Paper Menagerie, cuya traducción veremos por estos lares el próximo año. Sin embargo, aquí traigo una versión muy diferente de Liu. Y es que La gracia de los reyes es su primera incursión en el mundo de la novela. El autor deja de lado máquinas del tiempo e invasiones alienígenas para sumergirnos en un mundo de fantasía con unas raíces asiáticas muy marcadas. Es lo que se ha dado a conocer como silkpunk. Todo un mundo rico en detalles cuyas fuentes se alejan de la Edad Media occidental para adentrarse en algo desconocido hasta la fecha. Sí, Ken Liu ha llevado a su novela la capacidad de reconfigurar lo que ya dábamos por sentado. Del mismo modo que hizo en su momento con sus relatos, ha cogido las bases fundacionales y las ha dejado de lado para hablarnos desde otra perspectiva. Son otros los mitos que emergen en esta novela. Y no sabéis lo bien que sienta el aire fresco en un género poco abierto a los cambios.

Todo empieza con un intento de regicidio y acaba con una coronación. Entre ambos puntos tiene lugar todo lo inimaginable. El archipiélago de Dara es el escenario sobre el que extiende su hegemonía el emperador Mapidéré y cuya geografía cambiará por completo tras su caída. Rebeldes y partidarios del Imperio se enfrentarán para llevar a cabo la versión mejorada de un reino que se fragmenta por momentos. Mata Zyndu y Kuni Garu. Alta nobleza, el primero; bajos fondos, el segundo. Serán ellos los que nos guíen durante toda la narración para conocer los entresijos de una guerra civil entre lo antiguo y lo nuevo. Para entender cómo los dioses truncan el destino de los mortales y convierten derrotas absolutas en victorias imposibles. Zyndu y Garu, en una alianza totalmente improbable, dejarán claro que uno puede ganar la guerra de muchas formas posibles, no todas honradas. Y que perdedores y victoriosos no siempre son fáciles de clasificar.

Si en algo destaca Ken Liu es en crear una ambientación asombrosa para darle coherencia a todo lo que sucede en este libro, que es mucho. Imagina por momentos una partida al Risk con la banda sonora de Tigre y Dragón de fondo. Todas las campañas bélicas y estrategias militares se revisten con un aire oriental que le otorgan un aura que no suele encontrarse. Salones de té y fumadores de opio se dan la mano junto a cometas pilotadas y barcos voladores. Todo lo fastuoso convive a la perfección con grandes gestas en las que diez mil soldados se enfrentan a ciudades sitiadas o a reencarnaciones humanas de dioses. Liu se toma su tiempo en contar todo lo que tiene que decir y puebla el mapa de un número inaudito de ciudades y secundarios. Su historia carece de rincones vacíos y páramos deshabitados ya que ha insuflado toda la vida que era necesaria y, como si se tratase de sus famosos origamis, la historia camina sola.

Desde que el hombre es capaz de recordar su propia historia ha intentado desentrañar los entresijos del poder. La fuerza para gobernar y el mérito para hacerlo de forma eficiente. La gracia de los reyes abarca en gran parte de su recorrido estas cuestiones. Se habla de nobleza y del pueblo llano, de tiranía y de autogestión. Sus personajes encarnan ideales tan diferentes entre sí que muchas de las batallas no buscan el control de una zona geográfica sino la forma de gestionarla. ¿Qué sucede cuando el tirano tiene una visión realmente ejemplar de la situación? ¿O cuando los valores que nos han sustentado en el plano teórico no tienen validez alguna en el mundo real? Es entonces cuando hay un choque de poder. Es entonces cuando uno tiene que renunciar a lo que creía correcto o destruir todo aquello que represente la postura opuesta. Y es ahí donde esta novela brilla. En la aceptación de que toda fuerza genera una reacción igual en sentido contrario. Y que a la hora de arrancar las malas hierbas es muy probable que uno se lleve un gran número de flores a su paso. Ken Liu nos transporta a la otra punta del mundo para contarnos una historia universal. Y el viaje merece la pena.

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