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El arenque rojo

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El arenque rojo, de Gonzalo Moure y Alicia Varela

el arenque rojo¿Cómo se puede describir un cuento? Podemos ponerle diez, cien, mil palabras a una historia, pero, ¿cómo lo podemos describir después? Algunos dirán que contando simplemente el argumento, enfatizando con algún tono diferente las partes más importantes; otros pensarán que es imposible decir lo que sucede en él, que hay que vivirlo, sentirlo, y eso sólo puede suceder si lo leemos de principio a fin. Yo no sé muy bien cómo se describe un cuento, pero aunque no lo sepa, tengo claro cómo se crea, cómo se gesta de principio a fin. Una imagen viene a nuestra cabeza, nos observa desde lejos, y poco a poco se va a acercando hasta crear el cuadro perfecto que nos haga poner un punto y final a la historia más grande jamás contada. ¿Os gusta crear cuentos? ¿Dibujarlos en vuestra mente y después transformarlos en letra? Tenéis la oportunidad de ser artífices, de ser maestros contadores de cuentos y de crear vuestras propias historias, sí sí, las vuestras. Porque en “El arenque rojo” no sólo hay imágenes sino que, además, existe la imaginación, la imaginación a raudales, con un libro que nos anima, que nos exhorta, que nos grita desde sus páginas a mirar, a comprender, a intuir, a imaginar, y a crear aquellas historias que en la vida real no ocurren, pero que gracias a nuestros sentimientos, queremos vivir todos los días. ¿Nos contáis un cuento? Yo os contaré el mío.

 

Los libros de SM se reinventan día a día. Es indiscutible que, de un tiempo a esta parte, las nuevas ideas en la edición de libros parten de premisas que no se habían visto hasta ahora. Quizá por eso, y porque soy un fiel seguidor de todo aquello que cae en mis manos de esta editorial, quise hacerme con este libro que mezclaba a la perfección dos de mis aficiones por excelencia: contar cuentos y crearlos. Fue una especie de viaje a aquello que siempre había deseado, pero que muchas veces se me había escapado por los avatares de la vida (léase: trabajo, relaciones, más trabajo) y que gracias a él he vuelto a descubrir. Para ponernos en situación, imaginad que abrís un libro. Un libro que sólo tiene imágenes, nada de letra. Y según vais pasando las páginas hay algo diferente en cada una. Los personajes se mueven de sitio, interactúan entre ellos, pero nadie ha puesto ninguna frase que pueda hacernos imaginar qué está sucediendo. Es entonces cuando entramos nosotros en escena, cuando podemos crear aquello que nosotros queramos que pase, que suceda en su interior, para trasladarlo a nuestro exterior y ser partícipes de un proyecto único e irrepetible que se da dentro de “El arenque rojo”. Porque la vida nos enseña a contarnos historias, y como no podía ser de otra manera, los libros nos ayudan a manejarla de la mejor de las maneras.

Crear. Un verbo que alimenta las ganas de vivir, de sentir, de reproducir aquellas historias que nos han llegado muy adentro. Y alabo el gusto de Gonzalo Moure y Alicia Varela por traernos a nuestro pequeño rincón de intimidad una propuesta arriesgada como ésta. Porque en el mundo hacen falta más libros como éste que nos estimulen, que nos hagan salir del letargo en el que nos encontramos, que nos implore con sus páginas a ser, por un día, quizá para toda la vida, creadores de historias, creadores de imágenes que hacer volar por el mundo y con las que fantasear, con las que imaginar, con las que soñar de vez en cuando para llegar a ese oasis que todos buscamos pero que pocas veces encontramos. ¿Que si es un libro para niños? Puede serlo. Pero para aquellos que, como yo, vivan la literatura a flor de piel, que se entreguen de lleno a una vida rodeada de libros, no hay mejor oportunidad para ser autores propios, autores con imágenes a las que poner título, autores que se apasionan con lo que hacen, y que crean de la nada, de un simple dibujo que va cambiando de forma y al que le acompañan letras de nuestra propia creación. Porque este no es un libro normal, lectores. Este es uno de esos rincones apasionados en los que la literatura se vuelve pasión, y la pasión se vuelve letra.

Gracias SM por hacerme partícipe de ello. Gracias por creer en las historias. Gracias por hacernos llegar aquello que muchos queríamos. Y gracias, de nuevo, por hacernos avanzar por un mundo lleno de historias que contar, y donde el gusto por las historias que no se cuentan puede tener una salida extraordinaria.

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