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El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, de Haruki Murakami

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas
Suave como el algodón. ¿Me considerarían loca si sugiero que el estilo de escritura puede ser tangible? Así lo siento. Más allá de la historia que pueda contar, es la manera en que lo hacen. Fue cuando lo terminaba, el momento en que me di cuenta que realmente yo sentía que podía tocar su narrativa y que al tacto, parece suave. Por eso disfruto, en primer lugar, a este autor japonés. Por eso, también, digo que me gustó este libro: El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas de Haruki Murakami.

Dos historias en paralelo, en una misma novela. Por un lado, El fin del mundo. Por el otro, El despiadado país de las maravillas. Los narradores no tienen nombre, solo nos cuenta su vida en cada uno de los mundos. Mundos bizarros, si los hay.

El despiadado país de las Maravillas, con un científico que realiza shuffles, con semióticos, un grupo tenebroso.  La nieta del científico, amante del color rosa, acompaña al narrador que intenta descifrar porque todos lo buscan a él, un simple informático.

El Fin del Mundo con su personaje principal, que ingresa a una ciudad amurallada para leer los viejos sueños de las personas mientras deja de ser el dueño de sus recuerdos. Todo ello  con un precio a pagar y es dejar a su sombra del otro lado de la ciudad, abandonada a su suerte.

Dos sociedades marcadas por mundos cerrados, por controles firmes que parecen encerrar a los personajes. Y de todos, quien se destaca –y coincidí con un conocido al respecto- es La Sombra. Uno no puede imaginarse verse separado de su sombra y sin embargo, en esta historia, toma su lugar y se roba la historia con sus reflexiones, con su fuerza para no abandonar a su dueño y hacerlo recapacitar. Y claro, no quedarse sola.

Los narradores, sin nombre y tan lejanos, se transforman en increíbles relatores de estos mundos creados por Murakami. Y a él, con su magnífica forma de contarnos lo que sucede en estos curiosos lugares, se le debe el poder de volverlo interesante. Más que interesante, atractivo y suave, muy suave. Es que parece que los japoneses tienen “ese no sé qué”, de tranquilidad, de mesura para contar las cosas. Ya sea en las películas como en sus libros. Son pacíficos, más allá de la crudeza de la historia.

El libro lo tiene todo: Dos muy buenas historias, personajes más que curiosos pero entrañables, conversaciones que hacen pensar, imaginación para crear dos mundos distintos pero con tanto de reales y una impecable manera de decirlo.

Llegué a Murakami por la razón más tonta del universo. Pero me gustó y no quiero dejar de probarlo. Porque cada vez que lo leo, me aporta con sus historias. Porque puedo tocar su escritura. Y porque se siente suave, suave al tacto. Suave como el algodón.

Rosario Arán (rosearan@librosyliteratura.es)

 

4 comentarios en “El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas

  1. Sigo sin descubrir a este autor. Y no es por falta de ganas. Es por acumulación de pendientes. Pero este año tengo el firme propósito de descubrir a este autor, y después de leer tu reseña, no dudo con qué obra voy a empezar a hacerlo.
    Besotes!!!

  2. Margarita:
    Gracias por pasarte!!!
    Espero que lo descrubras aunque no sé si recomendaría empezar con esta novela. Fijate que en LyL hemos reseñado varios de sus libros y me parece que allí podrás encontrar algo más sencillo por donde empezar.
    Un saludo1!!

  3. Leí “seda” de Baricco y me pareció un libro suave; así que entiendo y comparto contigo que un libro puede medirse también por el tacto; felicitaciones por tu reseña!

  4. A mi también me gustó muchísimo, y tienes razón, la forma de escribir es suave, y un puntito melancólica, llena de lugares mágicos y personajes muy tiernos.
    Aunque yo entendí la obra al revés: el fin del mundo lo provocaba el científico, y el país de las maravillas era el mundo de los hombres sin sombra.
    De todas formas, ambos mundos eran absolutamente oníricos, perfectamente dibujados. En fin, una obra muy recomdable

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