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El silencio de las palabras

El silencio de las palabras, de Jean Kwok

El silencio de las palabras 

Por curiosidad, como siempre, termino revisando los libros que otros están leyendo. Esta vez yo estaba en el salón de clases de una gran persona que conocí recientemente. Mientras esperaba que terminara con sus tareas, me senté en su escritorio y a mi izquierda divisé una gran pila de libros. Por supuesto, me zambullí a leer contraportadas. En esa pila encontré esta especial novela que no se destacaba particularmente sobre ningún otro ejemplar hasta que los pocos datos de la contraportada me arrastraron a su lectura. El silencio de las palabras de Jean Kwok me terminó capturando.

Kimberly Chang es una joven china, oriunda de Hong Kong, que se muda a New York con su mamá, para escapar de un destino poco favorable en su tierra natal. Kim no habla inglés, tampoco su madre. Para comenzar, le deben todo el traslado a su tía Paula quien les encuentra un departamento en Brooklyn en el que viven en condiciones paupérrimas. El trabajo, auspiciado por su tía como dueña de la fábrica, tampoco ofrece las buenas perspectivas que soñaron en Hong Kong. La factoría explota a los empleados chinos que huyeron desesperados a Estados Unidos.

La única esperanza que Kim y su madre es justamente la capacidad intelectual de Kim, alumna ejemplar en Hong Kong. Sin embargo, la situación es distinta en una nueva cultura, en un nuevo idioma y en un contexto de explotación humana. Porque lógicamente Kim luego de salir del colegio se une al trabajo de su mamá.

A estos dos personajes se le suman Matt, empleado de la fábrica y Annette compañera de escuela de Kim. Ellos serán figuras centrales en la vida de Kim, una vida marcada con metas a cumplir y con el fuerte deseo de mejorar el destino. Kim, con tan sólo once años, sabe que tiene que esforzarse en demasía y toda la presión recae en ella al ser la persona capaz de sacarla a su mamá de esa situación.

Lo cierto es que pensé que iba a ser predecible. ¡Equivocada! Sí, porque lo que menos tiene esta novela es estereotipos totalmente establecidos. Si bien es cierto que el personaje central es una inmigrante que cae de bruces en otro idioma con la responsabilidad de sacar adelante a su familia, la realidad es que la autora dejó espacio para la transformación de Kim, de un crecimiento normal más allá de los parámetros establecidos por su familia y cultura.

Esta novela demuestra el traspaso de una cultura a otra, de la presión de buscar un destino mejor y todo lo que se deja en el camino para alcanzar ese mejor porvenir. Los avatares que madre e hija enfrentan, la situación que se vive en muchas fábricas donde los inmigrantes son explotados brutalmente y el nunca darse por vencido. Pero también como ese contexto transforma a Kim, como la empuja a mejorar y también a querer ser parte de ese mundo donde comienza a desarrollar su adolescencia.

En este repaso desde los once hasta los dieciocho años, hay mucho sacrificio, mucho amor, mucha fidelidad y ejemplos de situaciones familiares. También hay un poco de código de conducta de acuerdo a la cultura china y quizás este es uno de puntos más atractivos para mí. Su lectura es sutil, relajada y hasta respetuosa para con el lector.  Es de esas novelas que en su inicio, no promete demasiado y hasta uno puede dudar en hacerla a un lado. Pero una vez que se superan las primeras páginas, su lectura fluye para asistir en esta transformación de una inmigrante que pelea por un destino mejor en circunstancias desfavorables.

El final, por supuesto, no hace más que coronar una gran historia.

 

Rosario Arán (rosearan@librosyliteratura.es)

Tw: @rosearan

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