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El sueño de Alicia

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El sueño de Alicia, de Eduardo Punset

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La ciencia siempre ha avanzado a un ritmo vertiginoso. Cada mañana, o al menos cada semana, nos levantamos con alguna nueva noticia de un descubrimiento que ayuda a mejorar, aunque sea a largo plazo, la vida de los seres humanos que poblamos este planeta. Supongamos entonces que la ciencia es una herramienta extraordinaria para conocer los diferentes engranajes que nos mantienen con vida y, por usar un símil adecuado, ayuda a que el combustible que nos mantiene operativos no se termine de forma súbita. La ciencia ayuda, y lo debiera hacer para mejorar. Pero si hay algo que alguien se plantea a la hora de hablar de ciencia, y más en concreto de disciplinas como la medicina o incluso la psicología, es que hay algunos agujeros que, durante décadas, permanecieron ciegos a la vista de los investigadores. Uno de ellos son las emociones. Denostadas por propios y extraños, ellas se han convertido, en los últimos tiempos, en temas de debate encendido, en motivo de conferencias internacionales y en apasionados ensayos sobre su papel en nuestra vida. El sueño de Alicia contribuye a sumar más voces a este debate que una vez empezado ya nadie puede permanecer impasible. Porque aunque durante años se estableciera un límite entre emociones y razón, en realidad lo que nos separa es un hilo, un hilo endeble que, en muchos casos, es invisible.

Partamos desde un principio como hago siempre que intento hablar de un tema de estas características. La premisa básica del nuevo libro de Eduardo Punset puede parecer arriesgada para algunos o acertada para otros. Yo me sitúo en el segundo grupo. Lo que encontramos aquí no es un libro científico o divulgativo como en sus anteriores obras, aunque algunos de los conceptos que hay en él nos hablen de la ciencia. Lo que aquí nos encontramos es un relato, el relato de una joven, que nos habla de sus experiencias, de sus descubrimientos en la naturaleza humana, a través de un recorrido por su vida entera. Sí, podríamos decir que estamos ante un texto de ficción, en el que el autor sobrepasa con un sobresaliente.

Establecida pues esa premisa, vayamos al centro, al epicentro de un obra: las emociones. Desde que yo, estudiante que empezaba en la universidad sus estudios de psicología, comenzaba a estudiar los conceptos de personalidad, de motivación, emoción y percepción, sentía que algo fallaba. Estaba claro que los años desde que esta disciplina comenzaba a dar sus primeros pasos habían quedado atrás y había numerosos avances a los que tener muy en cuenta, pero aun así había cierto elemento que chirriaba en mi cabeza de nuevo alumno. Las emociones no aparecían en ningún momento. ¿Curioso, no creéis? A mí me lo pareció. ¿Cómo era posible que ellas, que se suponía que dirigían gran parte de nuestra vida, no aparecieran como uno de los puntales básicos en los que incidir en las terapias? El sueño de Alicia corresponde a esa clase de ensayos que uno ve desde lejos y que se pregunta por qué no los ha encontrado mucho tiempo antes. Hablamos de aquello que nos acontece por dentro, aquello que hace posible que varíen nuestros niveles de hormonas, que produce un incremento de la actividad neuronal, que nos inducen al cambio o nos mantiene en unos niveles de equilibrio rayanos en la más absoluta de las rutinas. Ellas son parte de nosotros y tendrían que tener un papel predominante en los estudios sobre el ser humano.

La soledad, el amor, la tristeza, el odio, la autoestima, el deseo de relación, todas y cada una de estas emociones responden a conceptos que son inherentes al ser humano. Todos y cada uno de nosotros las hemos sentido en algún momento de nuestra vida. Eduardo Punset nos traslada, pues, a un viaje de iniciación a este apasionante mucho donde las emociones son la punta del iceberg, como sucede con casi todas las cosas importantes, para que descubramos que a partir de ellas, todo un mundo nuevo de conocimientos es posible y, no sólo eso, sino que además es imprescindible que conozcamos. Un relato del viaje de una niña que se convierte en mujer, que aprende por la voz de otros, por su propia voz también, y que nos exhorta a caminar por la vida sabiendo que lo que sentimos, por lo que nos emocionamos, es algo tan básico en nosotros que es imposible que nos desconectemos de ellas, por mucho que lo intentemos. Sentir, qué gran verbo, ¿no creéis? Eso es lo que hace grande El sueño de Alicia, que nos permite sentir y ver que gracias a esa acción podemos acceder a puertas que creíamos cerradas para nosotros.

Aquí puedes ver el booktrailer del libro:

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