El último lapón

El último lapón, de Olivier Truc

el ultimo laponLaponia. Donde el frío hace que hierva la sangre y donde el calor no se posa por mucho que lo busquemos. Un lugar desde el que rara vez llegan noticias, pero que guarda en su interior una historia maravillosa. Eso es Laponia. Una tierra de tradiciones, de conflictos por sus tierras, de mitos ancestrales. Una región donde la ganadería de renos da de comer a cientos de personas, y donde los yacimientos mineros son un bien que muchos investigadores quisieran encontrar. Un territorio, una región, una equis en el mapa que está a punto de cambiar la visión que teníamos de lo que allí no sucedía. Porque El último lapón nos traslada allí, nos traslada a una visión donde la nieve y el aire cortan la carne, la resquebraja, para después engullirla como sólo los buenos asesinos son capaces de hacer. El frío, la nieve, el aire, las bajas temperaturas. Todos son características de un paisaje que, al mirarlo en derredor, es capaz de helarte la sangre y de matar en silencio. Eso también es Laponia, y estáis a punto de descubrirlo por vosotros mismos.

Kautokeino. Laponia Central. Un tambor ancestral desaparece. La culpa recae sobre varios sospechosos. Pero lo que parecía un simple robo con tintes políticos, se convertirá en una labor de investigación a contrarreloj, ya que el cadáver de un ganadero sami aparece en las inmediaciones, con las ojeras cortadas. Sin duda, un revés para la región, donde parecía que nunca sucedía nada…

 

Durante unos segundos, quizá unos minutos, olvídense del calor que entra por la venta. Piensen en frío, en la nieve que se deposita en el suelo, en la ausencia de luz solar durante innumerables días. Después, cuando ya se hayan aclimatado a la situación, piensen en un asesinato, en un brutal asesinato, y en las labores de investigación que eso requiere. Olivier Truc nos traslada al hielo más contundente en el que la sangre roja lo tiñe todo. Estamos ante una historia de secretos, una historia de luchas por la identidad de un pueblo, una historia de codicia, de ambición, de personajes que parecen inhumanos, pero que en su interior guardan un alma, aunque ésta sea putrefacta. Y por si todo eso fuera poco, nos acerca de lleno a la cultura lapona, una gran desconocida para el gran público, y que después de El último lapón nadie debería decir que desconoce. Quizá, a parte de sus muchas características positivas que hacen de esta novela algo extraordinario, sea esa capacidad de poner el foco en una cultura que apenas se conoce la que le da ese toque diferente a una novela negra que también lo es política, pero que también lo es social, y también lo es humana, sobre todo muy humana.

Uno a veces se pregunta cómo es posible que la mente de un escritor cree algo semejante como una novela. Páginas y más páginas de una historia que requiere de lazos que unan a sus protagonistas, detalles que se enlazan con fuerza sin dejar un cabo suelto. Y eso sorprende en Olivier Truc porque en la novela que me ocupa en esta reseña no se encuentra un hueco, un agujero que el lector tenga que rellenar porque el autor ha patinado, ha dejado evidente el vacío en alguno de los detalles, y son bastantes, que conforman las diferentes historias que crean el mosaico blanco y rojo del que hablamos aquí. El último lapón se puede observar desde muchos ángulos: desde la novela negra más clásica, con un crimen que resolver, con un asesino que ha cometido un acto diabólico y que sacude a una tranquila población; pero también la podemos mirar desde un prisma político, observando con detalles los intrincados planes que los políticos pretenden realizar en aras de una idea equivocada; pero también, y esto es algo que me gusta especialmente, es una novela social, que devuelve lo que le pertenece al pueblo, a ese pueblo que ha visto recortados sus derechos, que ha visto cómo se destruyen todas sus pertenencias por el simple hecho de pensar de forma diferente. Por todo ello, estamos ante algo grande, no sé describir muy bien la magnitud, puesto que hasta ahora sigo pensando en lo que he leído, digiriéndolo, intentando reposar aquellos descubrimientos que, con un final digno del último plano de una película, nos traslada al pasado y nos revela que, por mucho que lo neguemos, por mucho que miremos para otro lado, el ser humano no dejará de sorprendernos nunca. Si después cometemos los mismos errores, eso sólo correrá de nuestra parte.

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