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En tierras bajas

En tierras bajas

En tierras bajas, de Herta Müller

En tierras bajas

Quince relatos ambientados en un paisaje rural, contemplados a través de los ojos de una niña, cargados de lirismo, pero también de crudeza.

Cada año, por estas fechas, un grupo de amigos de Estocolmo encumbra a un autor a lo más alto del Olimpo de las Letras, y nos deja a la mayoría de los lectores de a pie preguntándonos ¿y quién es ése?  E, irremediablemente, acto seguido aparece la necesidad imperiosa de conseguir un libro, el que sea, del premiado, aunque uno sepa que las más de las veces los motivos extraliterarios tienen un peso importante en el fallo.  Este año, por ejemplo, hemos oído nombrar más a menudo a la ganadora, Herta Müller, por su denuncia de la situación de las minorías de los países del Este de Europa, o como representante de todos los escritores que se han visto abocados al exilio por defender sus ideas, que para ponderar su talento o su estilo.  Es para sospechar, y sin embargo ahí estaba yo, con un libro de alguien a quien nunca había oído nombrar, de quien carecía por completo de referencias, esperando que fuera una revelación (a fin de cuentas le han dado el Nobel, que no es poca cosa).

Pero este año ¡sí!, este año las expectativas se han cumplido: el Nobel fue una sorpresa agradable, un descubrimiento a compartir.  No sabría decir si el premio es merecido o no, tampoco eso tiene demasiada importancia.

“En tierras bajas” es el primer libro de Herta Müller; una recopilación de 15 cuentos, ambientados mayoritariamente en el mundo rural de la comunidad suaba en Rumanía, a la que pertenecía su familia, durante la dictadura de Ceaucescu.  Aunque en el texto no se denuncia abiertamente la represión de la que fueron víctimas los suabos del Banato, Müller deja entrever en el texto el clima de opresión y miseria en el que se crió, lo que supuso que la autora y su obra fuesen perseguidas en su país natal hasta que, finalmente, se exilió a Alemania.  

Müller toma la arcilla de su pueblo natal y modela, con manos de niña, sin ayuda del torno, unos relatos sencillos, algo toscos en apariencia, pero ricos en detalles, llenos de pequeñas sorpresas.  Lo que en realidad sucede es que la autora nos está haciendo trampas: la ingenua mirada de niña no es en absoluto ingenua (quizá ni siquiera sea de una niña, sino de una mujer que, al narrar sus recuerdos, recupera la mirada de la niña que fue), la crónica de la vida en el pueblo, lejos de ser realista, está salpicada de imágenes líricas que entrelazan la cruda realidad con los sueños de la protagonista.  Finalmente el lector termina preguntándose si los cuentos que acaba de leer no serán, en realidad, una especie de fábula; si las penosas relaciones de la protagonista con su entorno y el modo en que es sojuzgada por sus mayores vienen a ser un símbolo de la represión que padecieron esos colectivo a manos del Estado por la sencilla razón de tener unas costumbres y un lengua distintas.

Herta Müller despliega una prosa vigorosa, empleando frases cortas, concisas, casi secas, pero, al tiempo llenas de símbolos, impregnadas de tintes poéticos.  La superposición de la prosa sencilla y descriptiva con el lirismo de las imágenes oníricas, además de marcar el ritmo de los relatos, traza una contraposición entre el mundo de los adultos y el de la niña.

 

“Encerré la noche en el patio.  La puerta era caliente y seca por dentro.  La madera me hizo bien a las manos.  Las deslicé varias veces sobre ella y me asusté al notar que estaba acariciando una puerta.  Junté los pies y bajé de los zapatos de papá al pasillo, pisando con las medias el entarimado desnudo y mis tobillos me precedieron rumbo a la cocina.”

 

Mientras, la narración transcurre lenta pero implacable, como el paso del tiempo en la aldea familiar; la voz de la niña es el hilo que va enhebrando el paso de las estaciones, los sucesos familiares, los cotilleos del pueblo, los sueños, el trasiego de los animales y las cosechas, la vida y la muerte, la escuela, la tienda y el baile.  Piezas aparentemente inconexas, verdaderas o soñadas, que van encajando juntas, completando un puzzle que es, al mismo tiempo, realista e imposible, como un dibujo de Escher.

“El frío corroe la fachadas con su sal.

En algunos sitios se desprenden los letreros.  Letreros y números van cayendo al paso de las estaciones que se instalan en las vallas como picamaderos huesudos y picotean las labores de las mujeres, que de día están siempre solas y se enredan en los oscuros pliegues de sus faldas.”

Este libro, que huele a tierra mojada y a pan en el horno, pero también a estiércol y a habitaciones cerradas, no es un texto amable, pero tampoco es tremendista ni morboso; todo lo que sucede, lo alegre y lo terrible, sucede con naturalidad.  Es cierto que está lleno de silencio, de incomprensión, de ignorancia; la narradora no puede rebelarse contra un poder que la oprime y cuya fuerza supera su capacidad de resistencia, pero no desespera, no renuncia a sus sueños, sabe que hoy las cosas son así y ella no puede hacer nada, pero mañana todo puede ser distinto.  Es uno de esos libros amargos que, al final, dejan buen sabor de boca.

 

“El verano me apabullaba con su opresivo aroma a flores proveniente de la hierba alta.  Las flores silvestres se me metían bajo la piel.  Bajé al río y me eché agua en los brazos.  De mi piel crecieron unos arbustos muy altos y me convertí en un hermoso paisaje palustre.”
Y, ahora, a esperar al año que viene.

Javier BR

13 comentarios en “En tierras bajas

  1. El crédito que ganaron los señores académicos con el premio a Coetzee, que creía inagotable, se me agotó de golpe este verano con LeClezio, así que desconfío prudentemente de sus recomendaciones. No obstante me fío mucho de las tuyas así que anoto el libro y a la autora para futuras ocasiones. Va a ser cosa de felicitarte porque consigues que tenga uno ganas de leer incluso a un premio Nobel, cosa nada fácil las más de las veces, así que enhorabuena.

  2. Muchas gracias por el comentario y por la felicitación, Andrés. Estoy completamente de acuerdo contigo: conceder el Nobel a Coetzee fue una decisión que devolvió la credibilidad a la Academia, pero no podemos esperar que nos descubran una escritor como él cada año.

    El libro de Müller me ha gustado mucho; no sé si realmente merece un Nobel, pero es una autora interesante. No siempre se puede decir lo mismo de los galardonados con este premio.

    Saludos,

    Javier

  3. La verdad es que nunca me he interesado por leer algo de los últimos Nóbel, y este año, igual que el anterior, he tenido la misma sensación cuando anunciaban al ganador…. “Y este tipo/a…quién es?”.
    Pero no se si será por las portadas de Siruela o que…per este año estaba animado a leerme algo de Müller. Quizá siga tu recomendación Javier

    Y, como siempre, gran reseña!!

  4. Es un libro interesante: Herta Müller no descubre nada nuevo, pero hace muy bien su trabajo. Tengo que reconocer que el atractivo formato del libro también me ayudó a decidirme. Gracias por tu comentario, César.

  5. Lo he tenido varias veces en las manos sin decidirme a comprarlo, aunque ahora me ha quedado mucho más claro el contenido que, de acuerdo con lo que dices, me parece muy interesante.
    Javier, no puedo dejar de decir con toda sinceridad que esta reseña es excelente.
    Saludos.

  6. Muchas gracias por tu comentario, Andrómeda. Viendo los libros que comentas en tu blog, creo que éste podría gustarte. Si te animas a leerlo ya me contarás.

    Un saludo.

  7. Javier, esta es una reseña extraordinaria, incluso leeré el libro antes de lo que le tocaba en mi larga lista.

  8. Gracias por tu comentario, Susana. Este libro se lee en un rato, de un tirón. Si lo adelantas, los otros libros no protestarán;) Espero que te guste.

    1. La verdad es que, como ves y para mi vergüenza, he tardado unos años en leerlo. ahora puedo decirte que también salgo feliz de esta lectura, porque creo que este era un premio realmente literario, esta obra, estos relatos me han parecido un delicia de lectura… También otras muchas cosas pero hay una utilización del lenguaje exquisita, imagino que de poder leerlo en alemán encontraríamos con mucha más claridad los juegos de palabras o las abundantes metáforas que nos ofrece. Podría parecer fácil la lectura si solo vamos a la belleza del lenguaje pero me temo que en segundas y terceras lecturas se puede llegar muy lejos con esta escritora… Ya ves, vengo tarde a darte las gracias por hablarme de esta obra, pero vengo jejeje

  9. Admirado Javier: Ha sido un placer leer tu comentario sobre la última premio Nobel, ya que, como casi todo el mundo lector, tenía la curiosidad de ver como escribía esta señora. Y lo que entresacas del texto, me ha confirmado que leeré algo de la autora si me regalan un libro y no tengo nada más que leer. Porque, alguién que escribe algo tan lorquiano como “Encerré la noche en el patio” para continuar, en el mismo párrafo, con algo tan, tan, tan…como “mis tobillos me precedieron rumbo a la cocina”. No sé, no sé..
    O ¿que era aquello que “se enredaba en los oscuros pliegues de las faldas…”? ¿los letreros? ¿los números? ¿o los picamaderos huesudos?. Y por último, ¿no hubiera sido menos cacofónico y pedante decir del paisaje lacustre, en lugar de palustre?.
    Repito mi agradecimiento y te deseo unas felices fiestas. Jesús.

  10. Gracias por tu comentario, Jesús. El peligro de incluir fragmentos de un libro en su reseña es que quedan fuera de contexto y se puede transmitir una imagen distorsionada del mismo. Tengo que confesar que a mí, al principio, algunas expresiones también me resultaban chocantes, forzadas e incluso carentes de sentido. A las pocas páginas, sin embargo, me acomodé a la manera de narrar de Müller y, por decirlo de alguna manera, le fui encontrando sentido a lo que antes parecía artificial. Te aseguro que, puestas en contexto, esas imágenes supuestamente oníricas encajan en la narración mejor de lo que yo he logrado transmitir.

    También tengo la sospecha de que la traducción no ha sido todo lo fina que cabría esperar. Al menos yo nunca había oído referirse a los pájaros carpinteros como picamaderos, por ejemplo. Y eso de que sus tobillos (o sus zapatos) la precedieron al caminar aparece bastantes veces en el texto, por lo que debe ser una expresión común traducida con escaso acierto.

    En definitiva, si te la regalan y no tienes otra cosa que leer, verás que “En tierras bajas” es una colección de cuentos correcta, que consigue transmitir ese ambiente opresivo en el que la autora se crió. En caso contrario, hay muchos libros mejores.

    Espero volver a leerte por aquí, Jesús, tu aportación ha sido muy interesante.

    Saludos y felices fiestas.

    Javier

  11. Hola,
    he llegado aquí de casualidad tras buscar información sobre este libro para elaborar un trabajo de clase sobre él y tu reseña me va a venir genial para la introducción. Si no hubiera leído el libro seguro que me habrías animado a hacerlo.
    Lo cierto es que me ha gustado mucho aunque como dices… la traducción me parece que no es muy fina… Y a veces la crudeza de algunos episodios es demasiado desagradable para mi gusto aunque claro, es eso lo que ella pretende transmitir… Seguiré paseando por aquí a ver qué más recomiendas.
    Un saludo.

  12. Gracias por tu comentario, Luchida. Me alegra mucho que la reseña te haya sido útil. Te animo a que sigas viniendo por aquí, como ves somos un grupo con gustos variados y podrás encontrar todo tipo de libros. Un saludo.

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