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Errores infalibles para (y por) el arte

Errores infalibles para (y por) el arte, de Neil Gaiman

errores-infalibles-para-y-por-el-arte-neil-gaimanNeil Gaiman debe ser un tipo curioso, para hacer un regalo de boda escribió un cuento en el contaba sus dudas sobre la conveniencia si regalar el propio cuento o mejor un tostador. Y no sólo el cuento era magnífico, sino que lograba poner los pelos de punta (seguro que hay quien considera muy apropiada la asociación terror-matrimonio). Ahora se publica un discurso de graduación que leyó en 2012 en la University of Art de Filadelfia y claro, en lugar de un discurso normal y corriente leyó esta breve, magnífica y deslumbrante maravilla que ahora publica Malpaso con el título Errores infalibles para (y por) el arte. Se ve que al autor le ocurre como a Kurt Vonnegut, que también convirtió en pequeños tesoros sus charlas de graduación reunidas en el libro Que levante mi mano quien crea en la telequinesis, ambos son tan brillantes que no pueden evitar que se les note.

Me gustaría saber las trayectorias de quienes asistieron ese día al acto de graduación, si después de escuchar el discurso de Neil Gaiman no se convirtieron en los artistas que querían ser es porque ciertamente no lo pueden ser.

Cuando entras en el mundo del arte no tienes ni idea de lo que estás haciendo.
Esto es excelente. Quienes saben lo que hacen conocen las reglas y pueden distinguir entre lo posible y lo imposible. Vosotros no podéis.
Y no debéis. Las normas sobre lo posible y lo imposible en el arte fueron dictadas por individuos que no intentaron rebasar los límites de lo posible. Vosotros podéis intentarlo.
Si no sabéis que es imposible será más fácil lograrlo. Y como nadie lo ha hecho antes, aún no se han promulgado leyes para prohibir que alguien lo repita.

El objetivo de Neil Gaiman en Errores infalibles para (y por) el arte es claro, transmitir el mejor consejo que le dieran en su vida y que, lógicamente, no siguió en su momento. Digo lógicamente porque si algo se aprende de sus propias palabras es a pensar por uno mismo y en libertad.

No es la menor de las enseñanzas que transmite Gaiman aquella que habla de aprender a lidiar con el fracaso y su otra cara: los problemas del fracaso son muy desagradables, pero los del éxito pueden ser aún peores porque nadie nos avisa de ellos. Bueno, nadie no, Neil Gaiman lo ha hecho y hay que agradecérselo.

Otro ejemplo de sabiduría: espero que cometáis errores. Si cometéis errores significa que al menos estáis haciendo algo. Y los errores mismos pueden ser útiles.Es cierto y necesario decir algo así, la mística del triunfo con que nos bombardea la industria del ocio, de la cultura de consumo, puede ser muy dañina: el miedo al fracaso puede ser muy paralizante y en todo caso no ayuda en nada a lograr el éxito.

Salí al mundo, escribí y me hice mejor escritor cuanto más escribía. No se me ocurre mejor forma de decirlo, a escribir se aprende escribiendo. Es algo que parece evidente pero que sin embargo no siempre se pone en práctica. Hay quien se rinde ante una mala crítica o ante un papel en blanco y sea cual sea la disciplina artística que se desempeña lo que no está dentro de lo razonable es rendirse.

Cuando sintáis (no es imposible) que camináis desnudos por la calle; que mostráis demasiado de vuestro corazón, de vuestra mente, de vuestro interior; que exponéis demasiado, ése es el momento en que seguramente habéis dado en el clavo.

No puedo cerrar la reseña sin dedicar unas palabras a la edición. No sé si alguien del estudio Atlas, responsable del diseño, asistió a esa conferencia o la visionó posteriormente en internet o simplemente la leyó, pero me parece que es un ejemplo claro de interiorización de las ideas que el texto expresa. El resultado es que poco elogio mayor al Errores infalibles para (y por) el arte texto se me ocurre que el Errores infalibles para (y por) el arte objeto, el libro en si mismo es todo un ejemplo de pensamiento artístico libre, la palabra hecha forma, diseño.

Y tampoco puedo despedirme sin decir algo más sobre ese consejo tan magnífico que recibió Neil Gaiman en su día, de Stephen King, por cierto, y que no él siguió pero quiso transmitir en este libro a los estudiantes que dejaban de serlo en el momento de la charla. Es un consejo extraordinario, es cierto, y en realidad no lo he dicho. Deberían leer este libro para saber cual es.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

 

 

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