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Espejismo

Espejismo

Espejismo, de Hugh Howey

EspejismoCada uno somos nuestro propio demonio y hacemos de este mundo nuestro infierno

Oscar Wilde

El infierno puede desatarse por la menor las razones. Una chispa que enciende un cargamento de explosivos y que echa por tierra aquello que habíamos construido con tanta dedicación. ¿Somos nosotros demonios que asolan la tierra? ¿Son otros los que manejan el infierno? Vivimos sumidos en una ceguera de intenciones, de esas vanas intenciones por hacer de este mundo algo mejor, para acabar asfixiándolo todavía más. Y, por consiguiente, haciendo lo mismo con nosotros. Edificios que se construyen, vidas que no se reparan, comida racionada, conspiraciones en la sombra. Todo, o casi nada, no está tocado por la mano de algún demonio sin escrúpulos. Somos, y no me agrada pensarlo, mercancía que se agolpa en las escaleras de un edificio que nos expulsa en cada ocasión que tiene para hacerlo. Espejismo es una historia de ciencia ficción, sí, pero también es una historia lo suficientemente real y apocalíptica como para no tenerla en cuenta. ¿Estamos abocados a aquello que se nos cuenta en sus páginas? ¿Será el futuro tan ingobernable como nos lo presentan? Son preguntas que no tienen respuesta, al menos ahora no la tienen. Porque si el infierno existiera, si lo hiciera, puede que no esté lleno de llamas y azufre, sino que esté hecho de metal y secretos, como un edificio cualquiera, en una ciudad cualquiera, lleno de gente cualquiera.

La humanidad ha sido diezmada. Los últimos supervivientes viven en el silo, una prisión subterránea. Pueden ver el exterior, pero los gases tóxicos van ensuciando esa imagen. Sólo hay una opción para que sus habitantes puedan verla: que alguien salga a limpiarla. La limpieza es un castigo y una bendición. El sheriff Holston se pregunta qué lleva a la gente a limpiar, siempre se lo ha preguntado. Ahora, está a punto de descubrirlo.

 

Hay varias maneras de enfocar esta historia de Hugh Howey: desde el más puro estilo en la literatura de ciencia ficción o encontrando los paralelismos necesarios con la vida real. La primera es más tranquilizadores, la segunda hace que uno se plantee cómo está la sociedad hoy en día. Elijo, pues, la primera en su mayor parte porque no creo haber leído nada semejante en este tipo de materias desde hace mucho tiempo. Quizá si echara la vista atrás y rememorara a algún clásico podríamos decir que Espejismo tiene esos retazos de los antiguos relatos que llevan años circulando, pero desde luego, hoy, es muy raro encontrarlo. La ciencia ficción, como su propio nombre indica, se nutre de premisas que nos plantearíamos como inventadas para tejer una historia centrada en otro tipo de universo que no es el nuestro. Eso, en principio, puede ser así, pero sería caer en un error tremendo pretender desligar esta historia con su visión apocalíptica de la humanidad de la realidad más absoluta. Quizá por ello engancha tanto. Quizá, y utilizó esa palabra con conocimiento de causa, es la mejor base para poder entender que el futuro en el silo de la historia es algo perturbador para los seres humanos.

Holston es el personaje, pero a la vez no lo es, y me explico: el personaje principal de Espejismo es el silo, una construcción creada para los humanos supervivientes y que produce el mismo escalofrío en el cuerpo que observar con tus propios ojos la muerte de alguien cercano. Tiene vida propia, es él y no sus habitantes el que esconde los secretos que llevan a los personajes a tomar las decisiones traumáticas y a intentar sobrevivir cuando no queda otra que matar a tu vecino para ello. Eso suma en vez de restar porque pone al lector en una posición de debate, de conflicto: ¿seríamos capaces de actuar de la misma manera o lo haríamos de forma distinta? Hugh Howey en eso se maneja a la perfección. Nos pone las cartas sobre la mesa y parece que nos dice: ahora que ya sabéis lo que viene, ¿qué harías? Durante la lectura me he encontrado observándome a mí mismo en esa situación y pensando que no, que yo no haría eso, para al minuto siguiente pensar lo contrario y tenerme que comer mis palabras como si fueran las palomitas en una gran película. La visión de un autor para que sus lectores entren en ese momento confuso tiene que ser milimétrica, tiene que saber aportar la dosis necesaria de tensión y emoción para que los que lo leen piensen en que lo que va a suceder a continuación va a ser lo mejor que hayan leído en mucho tiempo.

Sabed que, cuando uno entre en el mundo de Espejismo ya no puede salir. Es una atmósfera opresora, una especie de cúpula infernal donde sus habitantes parecen estar seguros, cuando en realidad están en el mismo infierno. Lucha, la guerra más absoluta, desprecio por sus semejantes, el amor que parece destinado a ser desgraciado, todo ello suponen las claves de una historia que nos trae Minotauro y que enfrenta al lector consigo mismo. ¿Será entonces posible que los lectores esperemos a su segunda parte hasta marzo? No queda otra, pero una cosa es segura: quiero volver al silo, quiero volver a sufrir esa especie de falta de espacio, quiero volver a entregarme, de lleno, a lo que Hugh Howey quiera proponerme.

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