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Estoy mucho mejor

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Estoy mucho mejor, de David Foenkinos

estoy mucho mejor¿Cuántos nudos estarías dispuesto a desatar por ser feliz? ¿Eres de aquellos que callas y no dejas que tu tristeza, tu malestar, salga de tu cuerpo? ¿O eres de esas personas que no callan y no les importa lo que piensen los demás? Yo callo mucho. Tanto que, en ocasiones, mi cuerpo me juega malas pasadas. Contracturas, pinzamientos, una columna vertebral que se tuerce y se retuerce por la tensión del día a día. Yo me callo y a veces exploto, como mecanismo de defensa, como simple instinto de supervivencia, intentando por todos los medios que aquellos pensamientos negativos, aquellas palabras que se habían quedado enquistadas en algún punto indeterminado de mi cuerpo, se vayan por donde vinieron. Pero a veces no puedo. A veces lo que sucede es que uno va creando lazos, va creando nudos que son imposibles de soltar, y nuestro cuerpo sufre, nuestra vida se resiente, y nos vemos impedidos para poder avanzar, quedándonos quietos esperando que ese dolor desaparezca, se haga invisible, y no nos mantenga anclados en una posición que no nos gusta. Estoy mucho mejor es esa historia de todos los que callamos, por numerosas razones, mientras la vida pasa ante nuestros ojos y ni siquiera estamos demasiado atentos. Es una vida resumida en un dolor de espalda que quiebra, que deja en suspenso la felicidad, que conmueve a aquellos que no pueden hacer nada por solucionarnos los problemas, porque somos nosotros los que necesitamos una nueva mirada. Es la historia que guardamos nosotros. Es la historia de nuestros propios secretos.

 

Una vida llena de lecturas te lleva a plantearte muchas cosas sobre las que no tenías una explicación razonable. Ni siquiera una respuesta que poner en palabras. Por eso uno se identifica con David Foenkinos cuando nos anima a introducirnos en esta nueva novela. No hay mayor dolor que el de la espalda, ese dolor crónico que se apuntala en nuestras vértebras y que nos puede acompañar a lo largo de los días, mientras suplicamos que pare, que haga un alto en el camino, y nos abandone. Estoy mucho mejor sorprende por ser una novela mucho más adulta que sus anteriores obras. No quiero decir con esto que las otras fueran infantiles, pero sí destilaban un aire más romántico, más idealista, sumiéndonos en esta en un análisis de lo que es la vida, de lo que son las relaciones mientras callamos lo que realmente pensamos, mientras nuestro cuerpo va acumulando dolores, va acumulando niveles ante los que sufrir o ante los que luchar, lo mismo da. ¿Es posible que alguien nos duela? ¿Seremos, entonces, seres a los que el cuerpo indica que lo que estamos haciendo no es lo que realmente queremos? Yo lo creo firmemente. Nuestro cuerpo, sabio donde los haya, es aquel que nos impulsa, es aquel que se agarrota ante el miedo, es aquel que se paraliza en un segundo, para dejarnos sin energías al minuto siguiente.

Describir, quizá, lo que David Foenkinos hace en esta novela puede ser complicado. O simple, aunque no he creído nunca en que una obra sea sencilla. Cuando la vida te dispara con toda la fuerza que tiene a su disposición, ¿es posible que no seamos capaces de afrontarlo? Uno se pregunta muchas veces cómo es posible que la literatura le haga darse cuenta a uno de lo que está padeciendo en su propio interior, de cómo las arenas movedizas se remueven, como si fueran un terremoto y te dejaran anestesiado. Estoy mucho mejor nos enfrenta a esos miedos, pero en forma de una caricia fuerte, como esos abrazos que a veces dejan sin respiración, pero que nos llenan de satisfacción. Imaginad un paseo, un paseo por esos rincones un poco oscuros de nuestra vida, de las relaciones que no nos agradan pero ante las que mantenemos el tipo, sin enfrentarnos a ellas directamente, mirando para otro lado; después, imaginad que el dolor nos dice que algo no anda bien, que no estamos siendo sinceros con nosotros mismos, que algo anda mal, muy mal, y hay que hacer algo por remediarlo. Quizá esa sea la mayor de las conclusiones: hacer algo por nosotros mismos, avanzar a pesar del dolor, de aquel dolor de espalda que sufre el protagonista y que le impide ser él mismo. Por eso uno a veces se estremece por haberse olvidado de lo más importante, de que en esta vida no hay relación más tierna, más brutal, más certera, más caótica y serena a la vez, más distante y cercana, más llena de sinónimos y antónimos, como la relación que creamos con nosotros mismos. Porque vivir arrodillado frente al dolor, frente a ese dolor que el cuerpo crea para que seamos conscientes de lo que estamos sufriendo, es un indicador de que debemos cambiar el camino. Así es como abrimos los ojos. Así es como el dolor, a veces, puede convertirse en algo completamente diferente, puede convertirse en felicidad.

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