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La fragilidad del neón

La fragilidad del neón

La fragilidad del neón, de Juan Laborda Barceló

La fragilidad del neónResulta difícil leer este magnífico catálogo de sueños rotos desde otro lugar que no sea la emoción, porque los hermanos protagonistas de La fragilidad del neón son personajes desencantados que sufren el constante acecho de la gota que colme el particular vaso de su aguante, de su capacidad de seguir almacenando fantasmas. Los sueños, los ideales rotos de Ramón y Manuel tienen que ver con su compromiso con la justicia, con una determinada idea de la libertad, y su propio compromiso es también la causa de esa fractura porque al tiempo que protagonistas de su lucha son también testigos de la inagotable capacidad de los hombres para hacer el mal en su nombre o en el cualquier otro. Una de las cosas que se aprenden en esta magnífica obra de Juan Laborda Barceló es que los sueños no se rompen de cualquier manera, a veces lo hacen como la cáscara del huevo, como parte necesaria de un proceso en el que nace algo hermoso. En el caso del lector, de los sueños rotos de los hermanos Sandoval nace un emocionante libro, en el caso de Ramón, el mayor de los hermanos, nace primero una vida apacible, triste y gris, si se quiere, pero alejada de la violencia y la sinrazón, al menos hasta que éstas vuelven a ella con los estragos que se pueden suponer.

La fragilidad del neón está ambientada en el París de de Gaulle y parte de la acción se desarrolla en el desierto de Argelia, en la batalla entre el FLN y la OAS, que es una etapa francamente interesante desde el punto de vista narrativo, o al menos Juan Laborda es capaz de sacarle mucho partido. Hay otras batallas, probablemente una de las más  deslumbrante es la que libran los hermanos contra su pasado y contra su propia conciencia. Ésta nos lleva a un tercer escenario, que es la guerra civil española y la salida hasta Francia y la consiguiente lucha en la resistencia francesa. Un hermano trata de espantar sus fantasmas alejándose de la guerra y viviendo una vida tranquila, mientras que el otro se sumerge aun más en ella luchando junto a los argelinos por la liberación de su país. Pero el verdadero escenario de La fragilidad del neón no es físico, sino que es el imaginario de su autor de quien deslumbra tanto su cultura cinematográfica como su sabia dosificación de referencias cinéfilas en la narración, lo que no es fácil, ya que cuando un autor transmite una pasión en una novela a menudo acaba devorándola y sin embargo en este caso está tan bien lograda que es un atractivo principal de la novela. En relación con este último aspecto es destacable la integración de personajes reales en la trama, algunos con papeles importantes.

La visita de una estrella de Hollywood, Linda Darnell, a París y la contratación de Ramón como su chófer y guardaespaldas desencadena una serie de intrigas que traen de vuelta la violencia a la vida del mayor de los hermanos Sandoval. En menor, Manuel, por su parte lucha en el desierto de Argelia contra el ejército francés. Poco a poco ambas tramas se mezclan entre sí y con el pasado de los hermanos y construyen La fragilidad del neón.

No sé si la experiencia, tan diferente, de ambos hermanos  hace a los dos más sabios, lo que está claro es que les hace más humanos. No lo digo porque se cuestionen sus ideales, sino porque se cuestionan las barbaridades cometidas en su nombre, y lo hacen, cada cual a su manera, hasta el punto de decidir que no las pueden tolerar más. El hombre por encima de la ideología. Y ambos pagan su precio, que es por cierto más alto que la recompensa, y por eso me he referido a esta novela desde el principio con una palabra clave, emoción, porque en el desencanto de los hermanos Sandoval se refleja gran parte del estado de ánimo de una sociedad que, cada uno por sus propios motivos y por su propio camino, siente un vacío similar, aunque afortunadamente mucho menos trágico. Porque es profundamente humano.

Juan Laborda Barceló construye un texto fluido, dotado de un gran ritmo, con una buena historia, personajes bien construidos, escenarios atractivos y, por si le faltase algo, con personas reales y una documentación histórica y una erudición cinéfila con las que aprender al tiempo que se disfruta de la lectura. Eso debería bastar para recomendarla fragilidad del neón, y sin embargo me voy a atrever a hacerlo por otro motivo, para que cada uno a su manera sueñe los sueños de los hermanos Sandoval, los retome en el momento en que ellos los dejan, ese en el que las ideologías dejan paso a las personas, y, cada cual a su modo, los haga suyos. Seguro que si no el final que merecen, sí que podrá regalarles, en compensación por el buen rato que les hará pasar, uno más feliz. Vivir la felicidad que la vida les negó a ellos y a todos los que representan es el mejor homenaje que se les puede rendir.

 

Andrés Barrero
andres@librosyliteratura.es
@abarreror

 

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