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La guerra en Grecia y Roma, de Peter Connolly

La guerra en Grecia y Roma

La guerra en Grecia y Roma

Los libros sobre Grecia y Roma clásicas suelen adolecer de una abrumadora exhaustividad. Tantos mitos, filósofos, dioses, leyendas, cónsules, dinastías, asesinatos, tantos emperadores cuyas biografías se nos presentan mezcladas con información respecto a la organización administrativa, militar, a la estructura de las ciudades, la arquitectura, la ingeniería, la economía, la religión o las costumbres sociales dejan a menudo al lector un tanto aturdido y con la sensación de haber asistido a una larga conferencia para la que se olvidó el bloc de notas.

Peter Connolly es también exhaustivo, vaya si lo es, pero a diferencia de otras historias, en este impresionante libro se ocupa únicamente y exclusivamente de lo que nos anuncia en el título. Y así, las páginas de La guerra en Grecia y Roma pueden despachar tres emperadores en dos párrafos, pero desbordan información sobre todos los personajes, armamento, ropa, animales y cualquier factor relacionado con el ámbito militar en el mundo clásico. Es posible, pues, que el lector no especializado, o que nunca había pensado que las guerras púnicas, cuyo nombre le producía bostezos en la escuela, puedan llegar a ser interesantes, piense que este libro no está dirigido a él. Craso error.

Entre otros muchos placeres, este libro nos devuelve aquél tan intenso que sentíamos de niños al coger un determinado libro, de esos gordos y pesados que nos parecían tan serios, y quedarnos embobados tan sólo mirando las ilustraciones. Fueran ciudades, animales o grandes inventos lo que llenaba aquellas páginas, podíamos estarnos horas pasándolas hacia delante, hacia atrás, leyendo los pies de foto, los títulos, algún que otro párrafo hasta que, poco a poco, nos íbamos animando a adentrarnos en el texto buscando la explicación de esa ilustración que nos fascinaba. Así es La guerra en Grecia y Roma, rara avis entre los libros de historia: biblia del especialista y fascinante introducción para los demás.

Donde otros libros de historia nos hablan del número de tropas y el nombre de los generales, Connolly añade el tiempo que hacía la mañana del tercer día de la batalla de las Termópilas, recorre en persona los escenarios de todas las escaramuzas, marchas, emboscadas y batallas que nos narra, sube a la misma hora de la mañana a la colina desde donde se dice que un ejército avistó a otro, nos muestra una fotografía de la vista y saca sus propias conclusiones. El autor consultó, naturalmente, todas las fuentes, tanto clásicas como las más recientes, y, al contrario de lo que hacen otros historiadores, que plagan su texto de irritantes citas y notas, Connolly utiliza su erudición para dinamizar el relato y conseguir que se lea con pasión y agilidad. Así, nos cuenta, por ejemplo, que cuando los persas avanzan hacia las Termópilas, encuentran a un pastor llamado Efialtes que se presta a ayudarlos a cambio de una recompensa. Son detalles como ése los que convierten algunos fragmentos en escenas de una película bélica, y el historiador inglés, de manera acertada, rechaza entorpecer el texto citando la fuente original. El lector no quiere saber si esa información se la proporcionó Polibio, Heródoto o Tucídides, sino qué fue a continuación del traidor Efialtes, y también eso nos lo cuenta Connolly.

Naturalmente, es posible que no todo el mundo consiga interesarse por el modo en que se sujetaban los escudos argivos, por la evolución del casco de los legionarios, o por cuánto medían las lanzas de los macedonios. Pero, como ya he señalado, La guerra en Grecia y Roma es una verdadera enciclopedia, motivo por el cual tiene, entre otras muchísimas virtudes, la de permitir que el lector salte y picotee por donde le lleven las páginas. Quizá después de las Termópilas no nos apetezca introducirnos en la crónica de la batalla de Salamina. Pues bien, sáltate cien páginas y paséate por un campamento romano; descubre los gigantescos arietes con tortuga, máquinas increíbles que jamás has imaginado; navega en un trirreme, o sumérgete en la odisea de Aníbal a través de los Alpes. Sí, sé que ya has oído esa historia muchas veces, pero el viaje que te propone Connolly no lo has hecho nunca: vas a recorrer de abajo arriba la península ibérica, vas a pasar a la Galia, cruzarás los Alpes en compañía del mismísimo Aníbal y sus elefantes y te lanzarás a la invasión de Italia. Eso sí, ten mucho cuidado al cruzar el Ródano:

Al principio los elefantes se mostraron aterrorizados y daban empellones, pero cuando comprobaron que estaban rodeados de agua, se quedaron helados de pánico y se apelotonaron en el centro de la balsa. De esta forma, la mayoría de las bestias pudo ser conducida a través del Ródano. Algunas, sin embargo, cayeron barritando en medio del río, ahogando a sus mahouts…

Espero que tú alcances la orilla a nado y puedas seguir disfrutando de este libro durante años.

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