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Manejamos la pena, de Elsa Veiga

Manejamos la pena

Manejamos la penaYo, cuando soy consciente

del otoño

dejo caer las hojas

que me sobran.

Retiro la coraza

con premura

y en carne viva

dejo que me veas.

 

Como carta de presentación, estos versos me parecen perfectos. Son los mismos que leí en la contraportada del libro. También son los primeros que leí de Elsa Veiga. Y sí, me enamoraron. No sé por qué, pero me identifico mucho con ellos. Quizá porque yo también soy muy del otoño, muy de las hojas muertas.

Elsa Veiga es una escritora gallega y Manejamos la pena (Torremozas) es su primer poemario. Pero Elsa no es una escritora novata, ya ha recibido el primer premio de relato corto de Binéfar 2009 (Huesca) y ha sido finalista en el XXVII Premio Ana María Matute de Relato 2015 con El verano de Tom Sawyer.

A Elsa Veiga la conozco por las redes sociales (ah, bendito Internet).  Así es como supe que acababa de publicar este poemario y así es como crecieron mis ganas de leerlo. Cuando lo tuve entre mis manos esperé el momento adecuado para leerlo. La poesía espera su momento, tanto para ser escrita como para ser leída. ¿No os pasa lo mismo? Y así fue como, una mañana de invierno, en el asiento de copiloto del coche con las piernas ardiendo en el salpicadero (muy a lo Quique González) y el sol dándome en la cara me dispuse a perderme por sus líneas. El poemario me duró un asalto, o lo que es lo mismo, el viaje. Al acabarlo, la sensación placentera del sol de invierno dándome en la cara y todas las sensaciones que me habían provocado el poemario se entremezclaron y debo deciros que me sentía completamente satisfecha.

Manejamos la pena es un poemario duro, así como lo son el otoño y el invierno. Pero es a la vez un poemario muy dulce, como el baile de las hojas de otoño con el viento, como ese sol de invierno que atraviesa los cristales de la ventanilla y te acaricia las penas.

El poemario se divide en tres secciones: La vida se desliza, De otoños y de inviernos y un verano y Observo y rememoro. La primera parte del poemario arranca con un poema titulado A enfermedad me elevo (grito en tres partes) que es desgarrador y sumamente emotivo:

(…) Renuncio a la existencia

sin temer esa muerte

que dicen prematura.

Ser cadáver en vida

nunca ha sido tan triste.

 

Quisiera ser locura

y llorarme una ausencia,

la mía, no la ajena (…)

Perfectos, hirientes y desgarradores versos, ¿no os parece?

Arreméteme a fondo,

ráyame el aire

para perderme dentro.

Pero arranca, no dudes,

el corazón que sufre.

Aún está vivo, sigue,

arranca de raíz.

Los versos de Elsa Veiga me incomodan y me duelen, tengo que ser sincera. Pero es todo para bien. Me duelen porque como ya os he dicho, me identifico con su poesía, con su forma de sentir. Supongo que ese es el fin de la poesía, ¿no? Sentirse atrapado por los versos de otra persona, hacerlos tuyos, dejarte arrastrar por su cadencia.

No llegamos a serlo,

no seremos felices,

no al menos, y es seguro,

el uno con el otro (…)

Para mí la poesía de Elsa Veiga ha supuesto todo un descubrimiento. Internet tiene sus cosas malas y sus cosas buenas, ya se sabe. Algo bueno es poder descubrir nuevas voces de la poesía actual. Amantes de los versos, de las palabras y el frío, de la crudeza y la realidad, Elsa Veiga nos ha regalado un poemario precioso. Tenéis que dejaros llevar, os gustará. Esta poeta hace poesía con mayúsculas, esa que tanto me gusta.

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