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Palabra de Honor

Palabra de Honor, de E. Chirikov

Portada del Libro

Hay que tener algo muy claro si alguien piensa devorar este libro: está en las antípodas del realismo crudo, pesimista y gris negruzco de autores como Céline o Henry Miller. En principio, eso no está mal. Así que comencé el libro entusiasmado por una historia rebosante de pureza, de lealtad y de honestidad. Pero creo que acabé masticando como podía la masa pastosa en la que se había convertido la historia. Y es que en esta sociedad tan nuestra, existe una frontera muy fina para cruzar desde la entrega sin condición, a la condición de pusilánime… y a mitad de la historia Chirikov ya había llevado de la mano a nuestro protagonista a través de esa frontera. Pero vayamos por partes.

Os pongo en contexto. Rusia, principios del siglo XX y en plena guerra civil que años más tarde llevaría al comunismo a su máximo esplendor. El ejército rojo avanza arrollando al ejército blanco, que queda arrinconado en el sur de Rusia, donde se apelotonan miles de refugiados que tratan por todos los medios de huir de la guerra y salir del país desde el puerto de Novorossisk, a orillas del Mar Negro.

Y entre esos miles, nuestros protagonistas. Una preciosa refugiada que busca desesperada un billete que la lleve a la salvación, un oficial médico que pasaba por allí, y la palabra de honor de sacar al ángel de aquel infierno. A partir de ahí la historia es una sucesión de aventuras y desventuras (bueno, más bien desventuras, porque nuestro protagonista resulta ser más desgraciado que El Pupas) por mantener la palabra de honor dada, aún a costa de sacrificar sus sentimientos. Recuerda algunas novelas del romanticismo, la historia es interesante y está bien hilada, y además los personajes se entralazan perfectamente haciendo sus -extrañas- relaciones mucho más creíbles.

Hasta cierto punto es una novela bonita y emocionante, por la pasión ahogada de nuestro oficial médico hacia nuestro ángel. Hay momentos incluso en los que me sorprende la sinceridad con la que se describen ciertos sentimientos. Esas típicas situaciones en las que todos malpensamos pero no pronunciamos palabra… el autor las pone sobre el tapete, y es tal su sinceridad al escribirlas, al sentirlas, digerirlas, y finalmente desecharlas como sentimientos defectuosos, que uno se siente un poco menos sincero, al ver tal sinceridad por escrito.

Quizás eso sea lo mejor que he sacado del libro. Hay gente capaz de desnudarse al escribir, y yo estaba allí para leerlo. Lee el libro, y luego responde: ¿te atreverías tú a desnudar así tus pensamientos?

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