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Por compasión, de Bryan Stevenson

Por compasión
Concurso Sueños de Verano

Por compasiónEste es uno de esos libros que hacen que el lector se plantee una gran cantidad de reflexiones. La menos importante se refiere al título porque aunque el autor defiende algo que va mucho más allá de su labor como abogado y que no sólo debería arraigar en los tribunales sino sobre todo en la sociedad, algo que desde luego podría ser compasión y que bien podría resumirse en una frase que repite en muchas ocasiones: todos somos más que lo peor que hemos hecho, lo cierto es que lo que se expone en Por compasión es en realidad una cuestión de justicia. Del concepto de justicia, no del entramado burocrático que debería estar a su servicio y que en realidad sirve a otros intereses y que se ha convertido en un negocio más. Porque es una cuestión de justicia que un inocente cuya inocencia es claramente demostrable no pase la mitad de su vida en el corredor de la muerte. Porque es una cuestión de justicia que una madre no sea condenada a cadena perpetua sin posibilidad de revisión porque sufra la desgracia de que un hijo le nazca muerto o porque su pobreza le haga comprar regalos de navidad para sus hijos con un cheque sin fondos. Una sociedad democrática no debería asumir como propio el lema que inspiró la política penitenciaria de Stalin: es preferible tener mil inocentes en las cárceles que un culpable en la calle. La justicia debe estar al servicio de la sociedad y no al del negocio penitenciario o al de los intereses electorales de jueces y policías locales.
Bryan Stevenson nos muestra en Por compasión cómo el sistema legal de su país, Estados Unidos, y concretamente de los estados del sur, ha pervertido su espíritu hasta el punto de convertirse en un agente de injusticia, en una herramienta de discriminación por razones de raza, de género y de situación económica, un sistema que trivializa la pena de muerte o la privación permanente de libertad utilizándola para castigar delitos de gravedad más que discutible y en la que la presunción de inocencia sencillamente no existe. No si eres pobre y perteneciente a alguna minoría racial.
El autor es fundador de la EJI (Equal Justice Initiative), una organización sin ánimo de lucro que presta atención legal a personas en el corredor de la muerte o condenados a prisión permanente, convictos mayoritariamente negros y generalmente pobres que estadísticamente son el grupo mayoritario en esas circunstancias. Con el relato de su experiencia personal y la exposición de algunos de los casos que ha defendido, con éxitos y fracasos, nos introduce en un mundo profundamente represivo, en el que el ojo por ojo es un chiste porque el castigo es desmesuradamente mayor que el delito y en el que las garantías democráticas no siempre existen. Me dirán que Por compasión es una muestra de que la justicia sí funciona porque el autor muestra casos en los que logró sacar del corredor a sus clientes, demostrando su inocencia o consiguiéndoles una condena proporcional a su culpa, pero no es así. No lo es porque hay muchos casos en los que no lo logra, pero sobre todo porque el problema es de concepto. Se asume como algo normal hacer que alguien pase cincuenta años condenado a muerte por un delito que no ha cometido, cosas que pasan y para las que no existe en muchos estados previsto ningún tipo de indemnización, no hablemos ya de peticiones de disculpas. Uno de los más crueles ejemplos de la deshumanización de ese sistema es el caso de Walter McMillian, no sólo porque pasó décadas en el corredor de la muerte por un crimen del que era palmariamente inocente, no sólo porque fuese condenado con pruebas notoriamente falsas o porque fuese recluido en el corredor de la muerte incluso antes del juicio para presionarle y obtener una confesión, no sólo porque hubiese innumerables testigos que acreditaban su inocencia, el detalle verdaderamente macabro es que cuando por fin se demuestra su inocencia y sale a la calle, pese a ser una persona amable y pacífica, cuando sufre un accidente que acelera el proceso de demencia que padece, ninguna institución le presta los servicios que necesita porque el hecho de haber pasado por la cárcel le convierte en alguien peligroso por definición. Aunque su paso por la cárcel estuviese injustificado y su inocencia se probase. O un niño de trece años con discapacidad intelectual acusado de un crimen del que era inocente que pasó los siguientes trece y alguno más de propina no sólo en la cárcel sino en aislamiento. O unas madres a las que se las condena por asesinato por sufrir un aborto espontáneo.
Por compasión es un libro profundamente emocionante, conmovedor, no es una exposición fría de datos, no cuenta casos sino vidas y está narrado con un notable talento y una profunda humanidad. Pone al descubierto un sistema de justicia en el que la sombra de la duda pesa más que la presunción de inocencia y la simple acusación por parte de la policía ya es una sombra de duda insuperable para según que acusados, pero sobre todo habla de las vidas que hay detrás de esas historias. Bryan Stevenson es un buen narrador, consigue no sólo transmitirnos su trabajo y su experiencia vital, nos hace conscientes de las disfunciones del sistema que denuncia, logra emocionarnos y hacernos parte de una realidad que en principio nos es ajena. El subtítulo de este libro es “la lucha por los olvidados de la justicia en Estados Unidos” y tal vez sea esa una buena forma de definir esta obra, la memoria de la justicia. Bryan Stevenson recuerda lo que la justicia de su país quiere olvidar o hacer que los ciudadanos olviden o desconozcan y es por tanto si no una garantía al menos es una esperanza para muchas personas para las que la ausencia de esperanza forma parte intrínseca de su condena.
Todos somos más que lo peor que hemos hecho en nuestra vida, también somos más que lo mejor que hemos hecho pero es gratificante conocer las cosas buenas que hacen algunas personas como Bryan Stevenson. Leer sobre ellas es mucho más que informarse, mucho más que emocionarse.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Un comentario en “Por compasión, de Bryan Stevenson

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