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Regreso a casa, de Akiko Miyakoshi

Regreso a casa

Regreso a casaHoy vengo a hablaros de otro de esos cuentos que son ideales para irse a dormir, como Gracias y buenas noches, del que os hablé hace poco y que pertenece a la misma editorial.

Regreso a casa cuenta la vuelta a casa de una pequeña conejita en brazos de su madre. Una vuelta a casa que se produce de noche, en esa hora en que apenas hay nadie por la calle y las luces del interior de las casas empiezan a encenderse con la rutina de un nuevo día que llega a su fin. La primera ilustración, con esa conejita en brazos de su madre me causó mucha ternura y me trajo muy buenos recuerdos. ¿Os acordáis cuando erais pequeños e ibais con vuestros padres a algún lugar en el que se hacía de noche y tú te quedabas dormido en cualquier sitio?, ¿recordáis cómo, mágicamente, aparecíais en vuestra cama al día siguiente? Me encantaba esa sensación. Quedarme frita en cualquier parte y que mi madre me cogiese en brazos, me montara en el coche y me metiese en la cama sin que yo me diera cuenta. Ahora, que me gusta más bien poco salir por la noche, no sabéis cuántas veces me he acordado de esos momentos cuando me encontraba en algún bar a altas horas de la noche. “Ojalá dormirme aquí y amanecer en mi cama mañana”. Qué pena que a partir de cierta edad se nos acabe esa magia y ese chollo, ¿verdad?

Elegí este cuento porque me atrajeron mucho sus ilustraciones, que son obra de la ilustradora japonesa Akiko Miyakoshi. Licenciada en Comunicación Audiovisual y diseño, esta autora ha obtenido ya varios premios gracias a sus ilustraciones, como el prestigioso Gran Premio para Libros Ilustrados que otorga la Asociación de Libros Escolares de Japón. Lo cierto es que son una monada estas ilustraciones capaces de decir mucho más que cualquier palabra.

Como os decía, Regreso a casa cuenta ese momento del día que está por acabar. La pequeña conejita, cansada de tanto jugar, es llevada por su madre en brazos por las calles de una ciudad que empieza a despedir el día. Los comercios empiezan a cerrar y a través de las luces que iluminan las ventanas de las casas pueden adivinarse muchas cosas. Alguien está manteniendo una conversación por teléfono, otra persona debe andar preparando la cena porque huele realmente bien, otros descansan frente al televisor y en la ventana de al lado se adivina una fiesta muy animada. Todos se preparan para irse a dormir: se bañan, cenan y se lavan los dientes. A lo lejos, unos pasos de alguien que se dirige a la estación para tomar un tren y regresar a casa tras otro largo día de trabajo.

Esas inevitables rutinas que se producen todos los días en las ciudades, en ese momento en el que el día se apaga y nos preparamos para decir adiós. El momento de dar las buenas noches y descansar para coger fuerzas para el día siguiente.

Un cuento muy tierno y estéticamente precioso que seguro encantará leer a los peques antes de dejarse llevar por el sueño.

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