
Que me encantan los animales es algo que ya deberíais saber. Que tengo predilección por los gaticos y monetes también.
(¡Ay, los gaticos!, ¡Ay, los monetes!)
Así que a mí, que me van los animales y el amor este libro me parece una maravilla. Porque en La vida amorosa de los animales vamos a encontrar mucho de las dos cosas.
Y es que nosotros, los humanos, nos pensamos que el amor es un sentimiento muy nuestro, muy de personas racionales con taparrabos, pero nada más lejos de la realidad. Love is in the air, and in the nature, queridos. Y además el amor entre los animales es de lo más curioso.
Publicado por Océano Travesía, este libro se supone que va dedicado a un público infantil/juvenil, pero vamos, que es uno de esos libros apto para todos los públicos, porque os aseguro que a vosotros también os sorprenderá. Yo he aprendido un montón de curiosidades sobre el amor en el reino animal que no conocía. Y aprender siempre es maravilloso.
¿Sabíais vosotros que hay animales que pueden cambiar de sexo a su antojo? Por ejemplo, todos los bebés de mero son hembras al nacer y durante diez años cumplen el papel de mamás. Pero después cambian de sexo, sus ovarios se convierten en testículos y, hala, a cambiar de sexo como si nada. Lo mismo hace el pez payaso. No me digáis que no es algo que os gustaría probar, ¿eh?
En el capítulo llamado Manual de seducción del mundo animal aprendemos las técnicas de algunos animales para seducir a sus futuras parejas/rolletes. Algunas de estas técnicas no distan mucho de lo que podemos ver un sábado a las cuatro de la mañana en una discoteca. Si es que somos tan parecidos… Me gusta el delfín rosa del Amazonas, que junta ramas y plantas para hacer un ramo que lleva en la boca y que le ofrece a la hembra. Todo un romanticón, ¿verdad?
También hay muchos animales homosexuales y hay todo tipo de cortejos entre animales del mismo sexo. Desde bailes y canciones espectaculares hasta regalos. Todo vale en el mundo de la seducción.
Entre los animales hay juegos de seducción, hay celos y también vidas amorosas en familia. Los monos gibones, que viven Indonesia, viven juntos toda la vida cuidando a su familia. Todos los miembros de la familia duermen en la misma rama.
La vida amorosa de los animales es un libro entretenido, divertido y que viene acompañado por las geniales ilustraciones de Nathalie Desforges. Os garantizo que a los jóvenes les gustará, pero seguro que vosotros también disfrutaréis con él.

Hay libros que son un tesoro y, sin duda, El rapto del príncipe Margarina es uno de ellos. Hay tantas razones para catalogarlo así que no sé por cuál de todas empezar. Así que comenzaré hablándoos de la noche en la que se fraguó esta historia.
Hoy vengo a hablaros de otro de esos cuentos que son ideales para irse a dormir, como Gracias y buenas noches, del que os hablé hace poco y que pertenece a la misma editorial.
Nunca he estado en una fiesta de pijamas ni he hecho una. No sé si es que soy muy poco americana o he tenido una infancia rara. ¿Vosotros sí? Tampoco es algo que eche de menos, pero tiene que ser divertido cuando eres pequeño. De mayores eso de andar en un saco de dormir o usar una cama ajena, como que no es lo más apetecible. (Yo es que a mi cama la quiero mucho).
Creo que tendría como doce o trece años cuando llegué un día extasiado a casa a contarle a mi madre lo genial que era el nuevo profesor que iba a tener ese curso. Solo había estado unas horas con él, pero me había parecido completamente distinto a lo que había visto por las aulas hasta el momento: divertido, simpático, que se interesaba por nuestra opinión sobre temas que hasta entonces parecían ser exclusivos de los adultos y que incluso tocaba la guitarra en un grupo de rock. Ni en mis mejores sueños. Mi madre, siempre tan astuta, me dijo que se alegraba mucho pero que tuviese cuidado, que normalmente los profesores que mejor pinta tienen al principio suelen ser los peores. Y meses después no podía sino darle la razón; mi ídolo se había convertido en un sufrimiento al que había que reírle todas las gracias, que ridiculizaba a los alumnos cuando le discutían sus soflamas y que era quisquilloso y estricto en sus exámenes. Es lo que tienen las primeras impresiones, que rara vez suelen ser correctas.
