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Instrucciones, de Neil Gaiman

instrucciones

instrucciones¿Te ajustaste bien las botas?

¿Te acicalaste los bigotes?

El camino será largo, más de siete leguas, diría yo. ¿Estás preparado? ¿Seguro?

Pues adelante, gatito. ¡Vamos!

Despacio, no te apresures. Estate atento. Quizá te cruces con Caperucita y su nuevo amigo, el zapato de cristal y la carroza vacía de la Cenicienta dada a la fuga, los tres cerditos sin lobo a la vista, el príncipe convertido en rana y algún que otro personaje del que nunca has tenido noticias. Conócelos a todos, te caerán bien. Después, déjalos atrás, pero no pierdas el contacto. Nunca sabes cuándo los echarás en falta.

Avanza. O no. Llegará el momento en que tendrás que decidirlo. No importa si te tomas tu tiempo o si decides cambiar la ruta. Este es tu viaje, tú decides. Mientras tanto, disfruta de lo que encuentres y haz que disfruten los demás. Pero ten cuidado con las apariencias, quizá la historia no sea cómo te la han contado. Vuela bien alto y nada hasta lo más profundo, sin miedo. Tú puedes con eso y con mucho más.

Al final, llegarás, aunque te demores. Y quizá el destino no sea lo que esperaste. ¿Mejor? ¿Peor? A saber. Pero no importa. ¿Y lo que has aprendido? Quédate o regresa al sendero para descubrir nuevos caminos. Hagas lo que hagas, el viaje continúa.

Gaiman es un excelente guía, permisivo y sabio: nos deja aventurarnos por los atajos que queramos y se limita a darnos las recomendaciones necesarias, que cada uno de nosotros tendremos que descifrar, para que cometamos nuestros propios errores, para que lleguemos a ser mejores personas, pero solo si ese es nuestro destino. Charles Vess hace el resto, que no es poco: dibuja el sendero y sus bifurcaciones y los llena de insólitos acompañantes: ¿a quiénes escogeréis?, ¿a quiénes temeréis?

Instrucciones, un cuento escrito en el año 2000 y publicado ahora en una preciosísima edición de Océano Travesía, es una metáfora del paso de la niñez a la edad adulta. Una delicia para pequeños y grandes, quienes verán en él historias bien distintas. Para los niños: una mágica aventura hacia lo desconocido, donde todo es posible. Para los mayores: el regreso a un lugar extrañamente familiar pero ya borroso en la memoria, que de repente se añora y no se quiere volver a abandonar.

Con unas instrucciones tan sencillas como indispensables, Gaiman convierte una treintena de hojas en un sinfín de historias: tantas como los niños imaginen, tantas como las ya vividas por los lectores adultos. O tantas como los niños sean capaces de vivir, ahora que su camino comienza, y tantas como los adultos sean capaces de soñar, ahora que regresan.

No me canso de pasar las páginas de esta joyita. Sé que Gaiman me está desvelando muchos secretos, más de los que se ven a simple vista. ¿Qué he pasado por alto? ¿Qué he olvidado?

Me enfundo las botas. Ya están amoldadas a mis pies, esta vez no habrá rozaduras…, espero. Me acicalo los bigotes, y también la cola, que me conozco y luego pasa lo que pasa. Estoy lista, más que nunca. Desandaré mis pasos, revisaré el camino, para que cuando te toque a ti atravesarlo, no te pierdas.

Te aviso de que no hay ruta segura. ¿Cómo orientarte, entonces? Bueno, no es fácil, pero te daré algunas instrucciones.

Escucha.

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