
Autor Vs Escritor
Una cosa es ser escritor y otra muy distinta es ser autor. Son dos especies diferentes, opuestas, por más que una sea consecuencia ineludible de la otra. El escritor duda, corrige, tacha, desconfía: crea. El autor afirma, asegura, dogmatiza, se muestra seguro de lo que dice: vende. Mientras que uno es solitario y huraño, el otro es extrovertido y amable. A todo escritor se le presenta ¿la necesidad? de ser visible si quiere que alguien lea sus libros, y este es, y no otro, el deseo de todos los que publicamos: que nos lean (desconfiad de los fatuos que declaran lo contrario). La alternativa parece ser la tomada, entre otros, por Salinger, paradigma del escritor que se niega a ser autor, al menos de la manera habitual. Aunque alguien podría argumentar, quizás con razón en ciertos casos, que la decisión de eludir cualquier estrategia de publicidad, en un mundo que parece un campo de minas publicitarias, es ya una estrategia en sí misma.
Ser autor conlleva una serie más o menos reconocible de tareas. Presentaciones a las que la gran mayoría de los asistentes acuden por compromiso (algunos tratan de llevarse el libro gratis, especialmente si son editores, desconozco la razón), entrevistas en prensa, radio y televisión en donde se repiten las preguntas y las respuestas; charlas y mesas redondas en donde se defiende con seguridad e incluso vehemencia un discurso casi siempre dogmático; asistencia a cenas, fiestas, entregas de premios y cualquier reunión en la que uno pueda generar contactos (deben llamarse así porque accionan la luz que te otorga la visibilidad). Y todo con el objetivo de que la gente lea lo que escribimos.
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