
Sal en la piel, de Suzanne Desrochers

Para entender una novela, muchas veces hay que entender la Historia que encierra dentro. Lugares conocidos, épocas pasadas, sociedades atrasadas a las que atender y con las que descubrir unos mundos que nos son desconocidos. Y como un juego del destino, del azar más maravilloso que pueda existir, mi reciente viaje a París me permitió conocer el lugar, la sociedad, la Historia en la que transcurre “Sal en la piel”. Porque siempre pasa con las injusticias, son las que más permanecen en nuestra retina, en el cuerpo ajado por el aire que llena de surcos nuestra piel, nuestras heridas, tiñéndolo todo con una pátina de asombro, de crudeza, que a día de hoy nos sorprende, nos horroriza. Pero, como siempre digo, para hablar, hay que saber entender, hay que ponerse en el lugar, y una vez allí, cabalgar con nuestras palabras, con nuestros sentimientos, por lugares tan recónditos como esta novela, como esta historia, como esta realidad.
Laure es una de las chicas que pueblan los pasillos de La Salpêtrière. Pero su desdicha no acaba ahí. Dado su mal comportamiento, es llevada a Canadá para ser la esposa de los colonos que han viajado buscando riquezas. Allí, en un lugar tan apartado de su casa, encontrará la desgracia, pero en el túnel que es la vida siempre se encuentra una luz al final: el amor.