
Pálido fuego, de Vladimir Nabokov

Pueden pasar miles de lecturas por mis manos pero hay un autor que se las ingenia para fascinarme aún cuando su libro empiece con una poesía. Uno de mis tantos defectos es no poder tener la capacidad de apreciar el género literario que comprende la poesía y cuando abrí la novela y durante páginas y página ví que había una, fui consciente que quizás no podría apreciar esta obra de mi autor favorito. No obstante, al terminar la historia -como siempre pasa con este genio de la literatura- mi tropiezo inicial dejó espacio para la confirmación (¡como si todavía la necesitara!) que este escritor nunca me va a defraudar. Así, les acerco la reseña de Pálido fuego de Vladimir Nabokov.
Es un libro dentro de otro libro. Charles Kinbote, profesor, se encarga de escribir el prólogo, de recopilar la poesía del escritor norteamericano John Shade y comentarla gracias a su extensa línea de notas. Pero todo este libro es creado por el propio Nabokov, primer atractivo para estar precavido que va a jugar con todos esos personajes con ese sello que hizo propio.
El hombre rico de la historia es Kinbote, entre chiflado, obsesionado y con una agonizante relación con Shade, de quien vive en frente, a quien persigue, a quien insiste en escribir sobre su tierra Zembla que abandonó por circunstancias no claras.