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Voces de humo

Voces de humo

Voces de humo, de Pablo Andrés Escapa

Voces de humo

Mi hijo, que aun no ha cumplido dos años, llama puerta a todo aquello que es susceptible de ser abierto, sea una botella o una caja, un interruptor o una ventana y, como no, también un libro. Cuando cogió este libro de la librería, tan irresponsablemente a su alcance, y me dijo “pueta” para que se lo abriera no pude más que sorprenderme de su acierto, porque este libro no se abre simplemente, se entra en él, no es de papel, sino de humo, y no tiene palabras, sino voces. Una puerta antigua de madera con su correspondiente chirrido de bisagras cansadas sería más apropiada que una portada al uso, o tal vez una de esas verjas que se encuentran por el campo cerradas con un alambre. Pero no se le podía pedir tanto a la editorial, garantía de calidad tratándose de cuentos, por cierto, bastante hace con regalarnos otra de esas pequeñas joyas que no se leen, sino que se viven. La puerta que delimita las fronteras de este país de Voces de humo granjea el acceso a un mundo tal vez perdido, tal vez soñado, pero palpablemente real.

El humo es el del ferrocarril minero Ponferrada-Villablino y las voces son las de aquellos en cuyas vidas irrumpió la locomotora de vapor en 1919 para cambiarlas irremisiblemente Y son rememoradas o soñadas de paseo un siglo después por aquellos paisajes, por la vía abandonada. El libro recuerda, imagina o sueña, es indiferente, las vidas de esos personajes, escucha sus voces y nos transmite lo que dicen gracias a la maestría del autor, Pablo Andrés Escapa, que consigue en este canto a la belleza de lo pequeño conmovernos con unas historias que nos hace tocar con los dedos, escuchar, oler y vivir. Pasado un tiempo uno no sabe muy bien si esas historias las leyó en un libro, si se las contó su abuelo junto a la chimenea cuando niño o si las oyó mientras separaba lentejas en familia sentado a una mesa camilla con brasero, porque la memoria es de natural caprichosa, sí, pero sobre todo porque el autor consigue que las asimilemos como nuestras.

Personajes inolvidables y un lenguaje entrañable a medio camino entre el lirismo y la humildad del habla popular, un contrapunto en el que ambos extremos contribuyen a aumentar la belleza del otro, pero sobre todo una sensibilidad extraordinaria la que el leonés Pablo Andrés Escapa despliega en estas Voces de humo. ¿Quién sabe de las razones de un eco para quedarse? Tal vez la arcada de un puente, a cuya sombra amable hilvana el agua su discurso, sugirió un día el reposo al aliento del mundo que va y viene. Y el eco hizo habitación entre los espejos que va el agua figurándose en la cúpula de piedra. ¿Y quien sabe de las razones de una historia, de un libro, de una voz de humo para quedarse, para “hacer habitación” en nuestra vida? Pues no sabría qué decir, ¿porqué unos libros perduran en el recuerdo y sus historias se hacen tan propias como las vividas? A falta de explicación mejor en este caso no es mala respuesta asignarle el mérito al autor, y a Amparo, y a Zequiel, .a Hilario el de Pura, a Avelino, a Liñán, a José Puga, a don Laureano, a Malio y Ovidio o en fin, a cualquiera de las muchas voces que tendrán la suerte de oír quienes abran la puerta que da acceso a este mundo de trenes, de jefes de estación, de hogueras, de cafés de puchero y de conversaciones pausadas y serenas. La mujer duda un momento de su paso; luego cierra los ojos por saber si el vapor se queda a vivir en los oídos, como las cigarras de Pascua. No se me ocurre halago mejor para un libro que esa imagen que el autor usa para el vapor y las cigarras de Pascua: es un libro que se queda a vivir en los oídos.

Andrés Barrero
andresbarrero@vodafone.es

3 comentarios en “Voces de humo

  1. Me ha gustado mucho tu reseña, Andrés. Nos transmites perfectamente lo que a ti el libro. Dan ganas de abrir esa puerta de madera antigua… Y, tratándose de trenes (que me encantan), con más razón todavía.

    Un saludo,

  2. Gracias, Judit.
    Siempre alegra que guste lo escrito, pero lo hace especialmente que se logre transmitir lo que se intentaba.
    Un abarzo,

    Andrés

  3. La verdad es que no lo compraría por la tapa, sí por tu reseña; parece un libro muy interesante; pd: es genial la anécdota con tu hijo!

    Saludos

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