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En la noche de los cuerpos, de Esther Ginés

En la noche de los cuerposHace cinco años tuve el privilegio de reseñar la que fue la primera novela de Esther Ginés, El sol de Argel, y en aquel momento les hablaba de la rotunda sutileza y la elegancia de aquel texto. Desde entonces he podido imaginar muchas veces cómo sería su siguiente novela y también cómo podría hablar de ella, pero de entre todas las cosas que uno imagina que va a decir de algo en lo que tiene puestas las mayores expectativas lo que probablemente no se le pasa por la cabeza es declararse sorprendido, y yo lo estoy. Y mucho. En la noche de los cuerpos, es tan bueno como cualquiera de los lectores de aquel recordado debut pudimos haber soñado, diría que incluso mejor, pero la madurez y la serenidad que ha adquirido la autora en este tiempo no dejan de sorprender (y de deslumbrar) en alguien ten joven.
No hay nada trivial en esta novela, comienza mostrando una fuerza extraordinaria y a partir de ahí no decae en ningún momento. Uno no sabe muy bien qué está sucediendo, la trama se va aclarando poco a poco y el interés y el asombro del lector crecen con la historia y no disminuyen hasta que la última página obliga a asumir, con pena, que ha terminado. No sólo el planteamiento de En la noche de los cuerpos es sumamente original, sino que su relación con la realidad, que también se desvela poco a poco para quienes no son tan impacientes como yo y son capaces de evitar ponerse a investigar al descubrir las primeras pistas, también lo es. La historia real que respalda a esta de ficción, permítanme que no se la desvele, no es una excusa ni un anclaje necesario, el texto funcionaría perfectamente bien de forma autónoma, pero lo que sí hace es dar muestra de la brillantez intelectual de una autora que no se conforma con contar una buena historia, sino que logra hacer reflexionar emocionando al lector.
Se trata de una historia de obsesiones y de vidas rotas, no necesariamente en ese orden. De la obsesión como motor artístico pero también como peligrosa herramienta de autodestrucción. Y también del dolor, de la superación del dolor padecido y del infligido, sin que pueda asegurarles cual de ambos es más difícil de superar si es que se quiere hacer de verdad.
En la noche de los cuerpos tiene una relación íntima e intensa con el arte, en primer lugar porque ella misma lo es pero también porque tanto la historia real que la inspira como la propia construcción de los personajes no se entienden sin la reflexión sobre la creación que suscitan. La propia ilustración de la cubierta es un cuadro de una serie original de cinco piezas inspiradas en el argumento de la novela y el hecho de que esta novela haya inspirado a su vez una serie de obras pictóricas dice mucho de su calidad y su pertinencia.
No sé si toda obsesión es en realidad una pérdida de libertad, en este caso desde luego es así y además es contagiosa porque no sólo los protagonistas empeñan la suya en persecución de un ideal artístico concreto, sino que hacen perderla a terceros, a una musa involuntaria que pasa de musa a modelo por medio de un secuestro. Y aunque la práctica totalidad del texto cae sobre los hombros de la voz narrativa de uno de los captores, Cecilia, el mérito de la novela es que logra que el lector se ponga en la piel de la desdichada musa. La elección de la narradora, por cierto, es una muestra más de la inteligencia narrativa de Esther Ginés porque es un personaje literariamente apasionante. Culpable, sí, pero también víctima. O ambas cosas. Una confesión que parece buscar un perdón que sabe que ni merece ni va a saber si se le concede, el de la víctima, desde la plena conciencia de la imposibilidad de lograr el perdón realmente importante, el propio. Un terreno de incertidumbre o de contradicción que redunda en la consecución de un personaje redondo, inolvidable.
También es una novela de búsquedas, de trascendencia artística en un caso, de amor en otro, y de paz en el tercero. Diría que ese rasgo común entre los tres personajes resulta especialmente perturbador porque incluso la víctima del secuestro, Laia, la musa involuntaria, tiene sus fantasmas y se hacen visibles no sólo en su vida, sino en la de los tres protagonistas. Una obsesión contagiosa que a todos infecta pero que en cada cual se manifiesta a su manera.
Todos los elementos que tanto y tan bien funcionan en esta novela, tanto individual como conjuntamente, están sabiamente dispuestos y dosificados. Sin artificios, trampas ni recovecos. No hay concesiones a la mediocridad en En la noche de los cuerpos, no hay una palabra en el lugar que no le corresponde ni una idea irrelevante o accesoria. Una novela redonda, exquisita. Una autora en estado de gracia.
Reunir los méritos expuestos en una obra al uso, sin los riesgos creativos que asume Esther Ginés en esta novela, ya la convertirían en un texto destacable, pero lograr reunirlos en una obra de un planteamiento tan brillante y original como esta es algo verdaderamente difícil de encontrar y que para transmitirles plenamente y con justicia requeriría que al talento le ocurriese lo que a la obsesión en esta historia y fuera contagioso, algo que lamentablemente queda lejos de estar en su naturaleza.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

 

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Entrevista a Esther Ginés

Esther-GinesHoy traemos a Libros y Literatura a Esther Ginés, una autora joven que acaba de publicar su primera novela, El sol de Argel, que está llamada a convertirse en una de las referencias literarias de la temporada. Para comenzar, una batería de preguntas sobre tu forma de escribir:

1. ¿De día o noche?

De noche, siempre he sido muy nocturna. Puedo escribir de día, pero me concentro mucho más con el silencio de la noche.

2. ¿Un cigarrillo al lado?

¡No! Si acaso, una copa. Odio el tabaco, aunque es un complemento muy literario…

3. ¿El papel y la pluma han pasado a mejor vida?

Para mí no. Colecciono cuadernos y escribo mucho en ellos, me costaría desligarme de ese hábito; y con las plumas me pasa igual. Siempre llevo papel y bolígrafo en el bolso. Soy una nostálgica del papel.

4. ¿La inspiración llega por sorpresa, o sorprendentemente, siempre te pilla trabajando?
La inspiración llega o puede llegar por sorpresa, pero todo lo demás ocurre cuando pasas horas y horas mirando la pantalla del ordenador.  Suena muy bonito creer en las musas, pero hay que ser un poco realista…

5. ¿Quién es tu mayor crítico?
Hasta la fecha, yo misma. Pero la novela ya se ha publicado y no creo que tarde mucho en encontrarme con alguien que me supere con creces…

6. ¿Qué personaje te gustaría que leyese tu libro?
Me haría especial ilusión que lo leyera Carmen Martín Gaite, pero lógicamente es imposible…Admiro a muchos autores, pero la mayoría han fallecido y los vivos no creo que se crucen con el libro (soy muy pesimista en este sentido). Veo más real que lo hiciera algún periodista. En ese caso, me encantaría que fuera alguien como Mara Torres o Lorenzo Milá. Si hablamos de otro personaje famoso o mediático, la verdad es que siento especial admiración por Rafa Nadal y por Pau Gasol, pero no sé si les gusta leer…

7. ¿Qué libro(s) estás leyendo ahora?
Dos óperas primas: Absolución, de Patrick Flanery y Devuélveme a las once menos cuarto, de Víctor Charneco. También estoy leyendo Corrección, de Thomas Bernhard y el ensayo Vidas escritas, de Javier Marías.

8. ¿Qué libro guardas como el más valioso?
¡Difícil pregunta! Tengo muchos libros que me acompañan en todas mis mudanzas y que significan mucho para mí (especialmente algunos de la infancia y de la juventud), pero le tengo especial cariño a una edición de bolsillo de Cien años de soledad; no tiene nada de especial, pero sí un importante valor sentimental… Es un libro que no le regalaría a nadie.

9. ¿Qué usas para marcar las páginas?
Colecciono marcapáginas y tengo muchísimos, algunos de personajes literarios que me encantan, como El principito, Alicia en el país de las maravillas o El señor de los anillos.

10. ¿El mejor lugar para leer?
La cama, una buena butaca…cualquier sitio donde haya poco ruido y, si puede ser, con una buena vista. Ah, y frente al mar, pero eso ya es casi un sueño…

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El sol de Argel

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El sol de Argel, de Esther Ginés

el-sol-de-argelNo tengo nada claro que se pueda definir de una única manera qué es escribir bien, pero sí que estoy convencido de que hay cosas que sólo están al alcance de quien lo sabe hacer. Describir una escena como la noche del suicidio de un chico joven en casa de sus padres y la reacción del hermano gemelo ante un suceso así con la elegancia, la sutileza, la ausencia de efectismo y sensiblería y con la verosimilitud con que Esther Ginés comienza esta novela es una de ellas. Sólo por disfrutar de la rotunda delicadeza de esta autora en un trance semejante ya merece la pena decidirse a leer este sol de Argel, pero esta novela es mucho más que eso, más que un notable ejercicio de técnica narrativa: es una buena historia. Y tampoco hay tantas.

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