
Píldoras azules, de Frederik Peeters

Dicen que la realidad siempre es más dura que la ficción. También hay veces que dicen que por mucho que leas, la vida siempre te puede sorprender mucho más que las páginas que tienes entre las manos. Y, por último, hay personas que dicen que uno no puede descubrir nada nuevo en un libro. A todos aquellos yo les digo: ¡estáis muy equivocados!. Y si no os lo creéis, pasad un momento, unos breves minutos si queréis, por las páginas de esta novela gráfica, y descubrid que la historia que en ella se cuenta es una gran historia de amor de nuestro tiempo tratado con mimo, con pasión, con un respeto tan íntimo, tan puro, que si alguien no se emociona, es que, lo siento, no tiene corazón suficiente.
Cati tiene un niño de tres años. Un buen día, ella y Frederik se conocen y empiezan una historia de amor. Se conocen, se quieren, reflejan lo que es una pareja hoy en día. Son felices, en definitiva. Pero si miramos por la mirilla, si nos convertimos en espectadores privados de esta pareja, nos daremos cuenta de un dato que, hasta entonces nos había pasado desapercibido: Cati y su hijo son seropositivos.