
Hablemos de ciudades y secretos. Hay ciudades enormes, tan grandes que los secretos de sus ciudadanos pasan desapercibidos ante la gran afluencia de gentes y el ritmo de vida tan acelerado que se suele llevar. Luego tenemos las ciudades pequeñas, lugares donde sus pocos habitantes se conocen tanto y tan bien que hacen difícil mantener los secretos, que tardan poco en ser descubiertos. Y luego tenemos las ciudades de un tamaño, podríamos denominar, medio-grande. Esas ciudades no tan impersonales como las grandes capitales, pero lo suficientemente grandes como para no conocer los secretos de todo hijo de vecino. Y en estas últimas, cuando un secreto quiere salir a la luz, siempre tendrá instancias superiores lo suficientemente poderosas como para intentar acallar cualquier rumor.
Si tuviéramos que poner a Bilbao, ciudad donde se desarrolla la última novela de Gonzalo Garrido, en uno de los tres tipos de ciudad anteriores, sin duda lo colocaríamos en el tercero. Y como no podía ser de otra forma, en la novela La capital del mundo siempre hay muchos secretos que guardar, y uno de ellos es la sospechosa muerte de un destacado científico local en la demolición de un edificio. Todo hace indicar que se trata de un más que claro suicidio del investigador, pero no todo el mundo piensa lo mismo. Y una de las personas que disiente es la mujer del finado, que contratará los servicios del detective Ricardo Malpartida, encargado de esclarecer un caso que las autoridades pretenderán cerrar rápidamente con la hipótesis suicida, pese a que las pruebas recabadas por el detective indiquen un más que probable asesinato.



