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La capital del mundo, de Gonzalo Garrido

La capital del mundo

La capital del mundoHablemos de ciudades y secretos. Hay ciudades enormes, tan grandes que los secretos de sus ciudadanos pasan desapercibidos ante la gran afluencia de gentes y el ritmo de vida tan acelerado que se suele llevar. Luego tenemos las ciudades pequeñas, lugares donde sus pocos habitantes se conocen tanto y tan bien que hacen difícil mantener los secretos, que tardan poco en ser descubiertos. Y luego tenemos las ciudades de un tamaño, podríamos denominar, medio-grande. Esas ciudades no tan impersonales como las grandes capitales, pero lo suficientemente grandes como para no conocer los secretos de todo hijo de vecino. Y en estas últimas, cuando un secreto quiere salir a la luz, siempre tendrá instancias superiores lo suficientemente poderosas como para intentar acallar cualquier rumor.

Si tuviéramos que poner a Bilbao, ciudad donde se desarrolla la última novela de Gonzalo Garrido, en uno de los tres tipos de ciudad anteriores, sin duda lo colocaríamos en el tercero. Y como no podía ser de otra forma, en la novela La capital del mundo siempre hay muchos secretos que guardar, y uno de ellos es la sospechosa muerte de un destacado científico local en la demolición de un edificio. Todo hace indicar que se trata de un más que claro suicidio del investigador, pero no todo el mundo piensa lo mismo. Y una de las personas que disiente es la mujer del finado, que contratará los servicios del detective Ricardo Malpartida, encargado de esclarecer un caso que las autoridades pretenderán cerrar rápidamente con la hipótesis suicida, pese a que las pruebas recabadas por el detective indiquen un más que probable asesinato.

Tenía ganas de leer a Gonzalo Garrido, cuya obra debut, Las flores de Baudelaire (también desarrollada en la capital vizcaína), cosechó un gran número de alabanzas. Esta vez la acción no ocurre a principios del Siglo XX, sino durante la etapa de Zapatero como Presidente del Gobierno. Las autoridades locales quieren extender entre sus vecinos aquello de “Bilbao is wonderful” por lo que una muerte como la del científico Ángel Mato, ya sea asesinato o suicidio, es algo que conviene tapar de inmediato, pues la sociedad bilbaína no está acostumbrada a que la crónica de sucesos fije el objetivo en su ciudad.

El detective Malpartida, con una vida personal y familiar con bastantes desbarajustes, encuentra una gran oportunidad con esta investigación, que ve como un punto de apoyo sobre el que relanzar su carrera dentro del mundillo. Como casi todos los protagonistas de novela negra, el protagonista no es un dechado de virtudes. Una mujer que le abandonó, una hija a medio malcriar, una relación amorosa inestable y un despacho cochambroso es todo el currículo personal y laboral que puede presentar Ricardo, que sin embargo pondrá todo su esfuerzo en resolver la misteriosa muerte de Mato, pese a los intentos de Policía, Justicia y Gobierno para dar carpetazo al asunto.

Gonzalo Garrido mantiene un ritmo constante en la trama, desvelando poco a poco pequeños secretos que vuelven la lectura más adictiva. Además, cada dos capítulos, un desconocido narrador omnisciente añade un toque de misterio a la novela. Con mucho humor e ironía (con guiño incluido a editorial y editor), Gonzalo hace una fuerte crítica a la sociedad local y a sus conciudadanos, que prefieren tapar la mierda antes que asumir problemas y heridas que siguen sin cicatrizar. Y esto no solo ocurre en Bilbao, sino que es algo extensible a un buen número de ciudades de similares características, aunque reconociendo que las situaciones vividas en el País Vasco años atrás dotan de una especial idiosincrasia a su pueblo.

La capital del mundo es una novela negra bien construida, con un personaje principal que se rodea de buenos secundarios como Francisco o Eva para mejorar el producto, y con un final bastante imaginativo y que puede ser chocante para muchos de los lectores. Alrevés es sinónimo de calidad si hablamos de novela negra, y aunque Ricardo Malpartida no piense lo mismo que nosotros, no por ello dejaremos de recomendar buena literatura como ésta.

César Malagón @malagonc

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