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Madame Bovary

Madame Bovary, de Gustave Flaubert (II)

Madame_BovaryTítulo: Madame Bovary
Autor: Gustave Flaubert

No conocía a Emma, porque no solo no había leído este libro de Gustave Flaubert, sino que tampoco había encontrado a nadie en mi camino que me hubiese hablado de él con auténtica devoción. Quizá Georgina en su día me tentó, pues leí con mucho interés su reseña. Supongo que no haber estudiado filología ha hecho que me perdiese muchas cosas que seguro hubiesen determinado mis gustos y mis necesidades literarias, y no solo como lectora, también para poder expresarme a través de la poesía o los pequeños relatos; soy, claramente, lo que leo, pues de ello me nutro… Como nuestra querida Emma.

Fue un comentario en Facebook, en el muro de Victoria, lo que me iluminó: “Madame Bovary, es un Quijote con faldas”. Está claro que mi vista no pudo obviar el comentario y de ahí, a iniciar la lectura de esta absoluta maravilla de la literatura universal, solo hubo un paso.

Pero yo inicié este libro pensando que leería la historia de una mujer a la Flaubert daba la posibilidad de vivir aventuras desde su condición femenina, ¡y qué equivocada estaba!, Porque me ha parecido que esta es una novela con tantas capas que sería insuficiente una simple reseña para abarcar todo lo que el autor intenta decir, y desde luego consigue, con ella. Era en 1856 cuando con esta obra se pone la literatura patas arriba, y Victoria tenía toda la razón, pues también un par de siglos  antes, Cervantes, con el Quijote, había revolucionado la forma y el fondo de la creación literaria.

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Madame Bovary, de Gustave Flaubert

Madame Bovary

 

Creo que no me equivoco si digo que, en todas partes del mundo, hay una especie de virus imbatible. No se imaginen ninguna enfermedad maligna, es el virus del chisme, el cotilleo, la generación de rumores. Habilidad muchas veces asignada al género femenino es, sin dudas, una de las artes más antiguas y ha acompañado hechos históricos y personajes de renombre. Del “chisme” se han hecho negocios y seguro que le ha quitado el sueño a más de un intelectual en la aventura de generar teorías que expliquen la atracción que produce y muchas veces, el daño que ocasiona.

Pero lo que siempre necesita un chisme, así sea dañino o anecdótico, es un personaje central. En general, las personas demasiado serias o estructuradas no están a la altura de protagonizar un escándalo a menos que su vida de un verdadero vuelco. Madame Bovary, además de ser el título del libro que reseño, es un personaje que podría cuajar sin problemas dentro de la conformación de un acontecimiento y hubiera dado motivos para seguir hablando por años y en otros tantos libros.

En la Francia del siglo XIX, los paisajes aparecen como hostiles o al menos incómodos. La vida cotidiana planteaba bastantes escollos y pocas diversiones. Emma Bovary era una mujer bella casada con Carlos, un médico sin muchas aspiraciones pero de aparente buen corazón. La pareja vivió en algunos pueblos cerca de Rouen pero no es este el tema central del libro, sino la vida personal de Emma.

Madame Bovary no es exactamente una historia de amor, aunque nadie puede negar que allí falten los encuentros amorosos y los besos a escondidas. Es que Emma, con un carácter complicado y un aburrimiento aparentemente crónico y superficial, decide comenzar a explorar el amor lejos del lecho que comparte con su marido. Los enredos  la llevan a una vida un poco sobresaltada y en constante fastidio con las personas que la rodean incluyendo a su pequeña hija Berta.

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