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La luna nos odia con toda la fuerza de su gravedad, de I.J Hernández

La luna nos odia con toda la fuerza de su gravedad

La luna nos odia con toda la fuerza de su gravedadEs la segunda vez que leo algo de I.J Hernández, este publicista  y escritor de La Palma. Mi primera experiencia con él fue gracias a su poemario Me preguntaron por drogas y hablé del amor. Si pincháis en el enlace podréis leer la reseña. Si no tenéis ganas, os cuento que al principio me enfrenté a él con bastante reticencia. Es ese miedo que tengo a leer la poesía de jóvenes poetas actuales. Me he llevado muchos chascos y por eso suelo leerlos con la coraza puesta. Pero I.J Hernández consiguió que acabase su poemario sin coraza, desnuda y agradecida. Su poesía me llegó. Su tristeza, su rapidez y esa conexión que hizo que mi corazón parpadease. Me gustó. Por eso, cuando supe que iba a publicar nuevo libro quise leerlo, para saber si era verdad esa conexión, si aún continuaba.

La luna nos odia con toda la fuerza de su gravedad no es un poemario, es una novela. Aunque os diré algo: con I.J Hernández es muy difícil marcar los límites entre la prosa y la poesía, porque el poeta no puede evitar serlo. Ese estilo poético del que os hablaba hace unas líneas está presente en esta novela. ¿Y sabéis qué? Me encanta. Me encantan los escritores que no se esconden, que no fingen, ni pretenden ser otros. I.J Hernández es genuino y es algo que encuentro maravilloso.

Es difícil haceros una reseña en pocas líneas sobre este libro porque creo que es un libro que necesita ser leído y no contado. ¿Os parece raro? La rapidez, el ritmo y la lírica de su prosa son las culpables, benditas culpables, de que hablar sobre él me resulte complicado.

El nexo común para todos los personajes de esta novela es la ciudad de La Laguna y un mismo edificio, el edificio Luna. Allí viven Eleanor Smith, una joven que descubre en África el secreto de la inmortalidad. También está Salvatore Curtis, un escritor de novela negra que para poder escribir ha de meterse en la piel del asesino. O Victoria, una joven que una noche desaparece sin dejar rastro.

Personajes raros, ácidos, míseros y al mismo tiempo emotivos. Porque, aunque parezca difícil, el autor consigue que nos metamos en su piel, en lo más profundo de sus pensamientos y que vivamos con ellos esas extrañas aventuras que completan el conjunto de esta novela.

La luna nos odia con toda la fuerza de su gravedad no es un novela fácil, no os mentiré. Ni si quiera sé si es apta para todos los públicos. Y con para todos los públicos me refiero a todo tipo de lectores. Pero sí sé que los lectores que nos sentimos retados, que conseguimos conectar con I.J Hernández nos rendimos. ¿Yo? Me rindo de nuevo ante su compleja escritura, ante sus frases rápidas como balas, ante la sordidez y lo genuino.

Este aire fresco que nos ofrece el autor en La luna nos odia con toda la fuerza de su gravedad es todo un regalo para los amantes de la literatura.

 

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Me preguntaron por drogas y hablé del amor, de I.J Hernández

Me preguntaron por drogas y hablé del amor

Me preguntaron por drogas y hablé del amorHola, mi nombre es Victoria y vengo a terapia porque tengo un serio problema con los poetas actuales. ¡Hola, Victoria! (todos a coro). ¿Cuál es tu problema? (voz del terapeuta). Pónganse cómodos, que voy:

Resulta que, por lo general, no me gusta la poesía joven actual (hablo de España, en otros sitios no sé). Es una afirmación muy nazi, muy heavy y puede que hasta de gilipollas, pero dejadme que os explique. Creo que hay una corriente de poetas que se han hecho muy famosos gracias a las redes sociales, que escriben para el lector (no hay ningún problema, pero no todo es buscar al lector) y que juegan al todo vale.

Escribir

Así

No

Es

Escribir

Poesía.

¿Quién tiene la culpa aquí? ¿Las editoriales por publicarles? ¿Los encarecidos fans de Internet? ¿Qué no hayan leído a los grandes poetas? No lo sé y tampoco voy a tratar de buscar culpables. Simplemente digo que el noventa por ciento de estos poetas no me gustan. Y lo he intentado. A Dios pongo por testigo que lo he intentado (confieso esto de rodillas y entre sollozos). Me digo a mí misma, venga, a ver qué tal, a ver si tal o cual poeta consigue transmitirte algo. Pero no. Una bola de paja de esas de las pelis del oeste pasa ante mis ojos al cerrar el libro. Y esa es mala señal. En fin, lo seguiré intentando, para que no penséis que soy una lectora de mente cerrada. Y si alguien nuevo consigue convencerme os lo diré.

Después de esta introducción pareciera que vengo a hablaros de alguien que no me ha gustado. No es el caso. No voy a perder mi tiempo en hablaros de escritores que no me gustan y tampoco creo que sea justo para vosotros. Afortunadamente, hay gente buena que escribe buenos poemarios. Este es el caso de I.J Hernández y su libro Me preguntaron por drogas y hablé de amor. Como podéis intuir, no conocía este poeta (y eso que tiene varias novelas y poemarios publicados), pero pude leer algunos de sus versos antes de tener el poemario  en mis manos y sentí esa chispa, esa sensación de que podría gustarme.

El libro está publicado por Mutants Club Poets La portada me gusta, la edición también y la forma en la que está estructurado el poemario me parece interesante. Me gustan sus poemas con grandes títulos, cosa que a mí se me da fatal.

A ver, ¿cómo podría yo explicaros la poesía de I.J Hernández? Es como si en una coctelera metiésemos un montón de iconos pop, toda la tristeza del mundo, tranquimazines, campos electromagnéticos y luces de neón. Agitamos bien y obtenemos como resultado Me preguntaron por drogas y hablé del amor. Un cóctel a ratos indigesto, a ratos lleno de química, de preguntas imposibles y respuestas al aire. Y deja buen sabor de boca, os lo prometo. Ese tipo de cócteles que te gustaría volver a probar.

I.J Hernández es rápido, no tiene tiempo para perderse en versos imposibles. Me gusta la franqueza y la cadencia de éstos:

“Diecinueve segundos.

Seguimos siendo el coeficiente exacto

de la ausencia,

la pulsión irreductible

de un verbo degollado,

aquella hermosa cronología

de mis labios

en tus labios.”

Lo cierto es que hay un halo de tristeza que envuelve este poemario, una decadencia de luces de neón que parpadean en moteles de carretera casi abandonados y creo que es esa su esencia. Una nostalgia pop que deja latente en cada verso. Tiene su encanto, la verdad:

“Una avioneta escribe en el cielo:

Entrelazamiento cuántico.

Un fan de Gus Van Sant filma la escena.

Se escucha de fondo:

Somewhere over the rainbow

(susurrada a golpe de pestaña infinitesimal

Por una doble de Chavela Vargas).

Supongo que es esa nostalgia lo que me gusta de este poeta. Como si mi corazón, al leerlo,  parpadease como aquel letrero de neón del que os hablaba. ¿Me he puesto cursi? Lo siento, pero si no puedo ponerme cursi cuando hablo de poesía apaga y vámonos.

“Ni siquiera la luna baila desnuda.

¿No te parece triste?”.

Me parece tristísimo. Una tristeza que me emociona. Qué grata sorpresa este poemario.

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