
Cuentos completos, de Marguerite Yourcenar
Hay momentos en la vida de todo lector en los que éste se siente infinitamente afortunado, cuando se da cuenta de hasta qué punto un libro es mucho más que papel y palabras, de qué modo se puede compartir una experiencia a través de la literatura. Hay libros que requieren más de una lectura, a cual más apasionada y apasionante, y este (o estos porque en realidad son cuatro) de Marguerite Yourcenar sin duda es uno de ellos. La primera lectura es la del asombro, la de la sensación de vislumbrar una cumbre que se sabe que existe pero que rara vez se visita en la vida. La segunda, consecutiva en mi caso muy especialmente en los relatos que originariamente formaron el libro titulado Fuegos, es la del disfrute: una vez se pellizca uno para comprobar que sí está despierto toca disfrutar del sueño real. Las demás lecturas son prometidas, es uno de esos libros que uno sabe que volverá a leer tarde o temprano y sólo por esa certidumbre ya empieza a disfrutarlo de nuevo. Cuentos completos, de Marguerite Yourcenar es eso y mucho más, tanto que sólo aspiro a tratar de hacerlo entrever, porque lo que ella cuenta es tan inseparable de cómo lo cuenta que descubrirlos en unas palabras que no sean las suyas no es sino una pérdida irremediable.
