
Vida y opiniones de Tristram Shandy, caballero, de Martin Rowson
De vez en cuando, a algún autor se le ocurre meterse dentro de la novela que nos está contando. Otras veces, se dirige directamente al lector y le dice algo así como “sigue tú por mí, que tengo que ir al lavabo”. En ocasiones, el autor no sabe cómo acabar su obra, y le deja al lector un par de posibilidades para que éste escoja la que más le convenga. Y todo ello, nos decimos, es sumamente original.
La originalidad está considerada un valor literario en sí. Ser original es siempre una virtud, y por ello nunca oiremos a nadie decir “este autor no me gusta porque es muy original”. Se me ocurre ahora que quizá alguien debería hacerlo y reivindicar así la originalidad como una virtud del lector. Pero no hagamos como el señor Sterne y volvamos al asunto que nos ocupa, a saber la originalidad.
Sigue leyendo Vida y opiniones de Tristram Shandy, caballero