
Dicen que el mundo de los niños desborda fantasía e imaginación. Si eso es así, habría que matizar que dichas fantasía e imaginación están sometidas a unos rigurosos principios: la sencillez y la lógica. Uno puede pensar que fantasía y lógica son términos contradictorios, pero no en el mundo infantil. Para la imaginación del niño, no tiene nada de extraño que un lobo hable, que se haga pasar por la abuela de Caperucita o que luego abuela y nieta salgan vivas de la lobuna tripa. Lo que un niño no podría entender sería que el lobo, antes de zamparse a una u otra, se dijera “¡Dios mío, pero qué estoy haciendo!”. La lógica infantil no permite que los malos sientan escrúpulos.
Por eso David Grossman triunfa con La princesa del Sol.

