
Nuestro pan de cada día, de Predrag Matvejevic
Hay quien dice que lo que nos diferencia de los animales es la capacidad de hablar. Otros se inclinan por la risa, aduciendo que los animales, a su manera, se comunican, mientras que sólo los seres humanos se ríen. Los hay que, por su parte, señalan que el hombre es el único animal consciente de su propia mortalidad, mientras que los de más allá hablan del sentimiento ético. Pero todos se equivocan: es el pan lo que nos hace humanos. Ésa es por lo menos la idea que me ha venido a la cabeza en más de una ocasión leyendo este extraordinario Nuestro pan de cada día.
Coincidiréis conmigo en que el pan que hoy comemos no tiene nada que ver con el de nuestra infancia. Hace unos años, uno podía decir “este pan está un poco duro, ¿es de ayer?”. Hoy es más probable oír una frase del tipo “este pan es incomible, ¿a qué hora lo has comprado?”. Sin embargo, la añoranza por un pan como el de antes no es algo que se deba exclusivamente a la industrialización del sistema de elaboración. Así, al descubrir que Virgilio lamentaba que el pan hecho para la gran ciudad no fuera como el que él recordaba de su Mantua natal, se pregunta uno si esa nostalgia por una especie de pan primigenio no tendrá unas raíces más profundas.