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Justice TV, de Sergio Morán y Ulises Lafuente

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justive tvSiendo un chaval leía cómics de superhéroes y era inevitable que sintiera cierta admiración por aquellos hombres y mujeres que rescataban personas de una muerte segura, salvaban planetas que parecían condenados a morir o se enfrentaban a villanos venidos de galaxias lejanas; y todo a cambio de unas palmaditas en la espalda. Luego alcanzas esa edad en la que descubres que el contenido de la nevera o la luz que emite la bombilla de tu habitación dependen más de un sueldo que de una antigua magia arcana y empiezas a plantearte algunas preguntas de profundo calado filosófico: ¿Y los superhéroes de qué coño viven?

Dicha incógnita te obliga a leer con más ahínco, y ya con ojo analítico, los mismos cómics en busca de respuestas. Entre los viejos escritos de sabios como Stan Lee, Jack Kirby, Bob Kane o el dúo Siegel-Shuster hallé una asombrosa revelación, una verdad inconcebible y difícil de digerir: los superhéroes no cobran un puto euro. Descubrí además que sus métodos de financiación pasaban del desvío de fondos de sus multimillonarias empresas a trabajar como reporteros freelance, vendiendo fotos de sus propias hazañas como superhéroes, en periódicos sensacionalistas. Entre los desfalcos millonarios y la prostitución informativa tenía que haber algo más… Y entonces aparecieron los Justice TV para enseñarme que hay un modo de convertir el noble oficio de superhéroe en un modelo de negocio sostenible.

Justice TV nos cuenta las aventuras de un grupo de superhéroes que televisan cada una de sus hazañas. Así pues, alrededor de ellos siempre hay un enjambre de drones dotados de cámaras que graba cada paso que dan, cada puñetazo que sueltan o cada armatoste que hacen volar por los aires. Un buen encuadre, una frase pegadiza o una gran puesta en escena es lo que consigue que suba la audiencia y, por ende, las ganancias. “Hemos creado el primer grupo de superhéroes rentable a nivel económico”. Por este motivo, no todo depende de lo que haga la inmortal Galatea, Boss y su pinta de ser el primo cuerdo de Rorschach, o cualquiera de los otros componentes del grupo, sino que el equipo de producción que hay tras ellos, en ocasiones, juega un papel mucho más relevante.

Tras esta original propuesta, que primeramente fue un webcómic y que ahora de la mano de la editorial Fandogamia da el salto al papel, encontramos como guionista a Sergio Morán, autor de El dios asesinado en el servicio de caballeros, novela que mezclaba urban fantasy, investigación y cachondeo patrio. En esta ocasión deja a un lado vampiros, dioses y otros seres de naturaleza paranormal para brindarnos una historia de superhéroes en donde la acción y el humor se dan de la mano. El cómic está dividido en tres actos en los que los protagonistas irán desarrollando y jugueteando con sus poderes mientras se enfrentan a un grupo de soldados con muy mala baba, a una asociación secreta de científicos empeñados en destruir todo aquello que no comprenden y a unos piratas que, mediante barco volador, se plantarán en medio de la ciudad para hacerse con uno de los tesoros más codiciados por los de su calaña. Acción desenfrenada, pitorreo, ciencia ficción y mucho amor por lo absurdo asegurado.

A los lápices encontramos a Rata. Tras este seudónimo no se esconde un roedor (¡sorpresa!) sino un humano llamado Ulises Lafuente que lleva más de tres años enfrascado en un titánico proyecto: el webcómic de corte cyberpunk titulado ART88/46. Su estilo podría definirse como una singular mezcla entre manga e indie con sutiles pinceladas de cómic americano. El trazo utilizado en JusticeTV es muy cambiante: desde el suavísimo y extremadamente nítido empleado en los primeros compases de la aventura hasta ese más áspero, inquieto, incluso cercano al boceto, del cual se vale cuando los superhéroes se enfrentan a los piratas capaces de viajar a través del tiempo. El uso dispar del color (con viñetas en blanco y negro, otras en azul y blanco, algunas en amarillo y azul…) es quizá una forma de acentuar todavía más la anárquica y bizarra locura que embarga cada página de Justice TV.

“¡Justice TV! Preparados para salvar el día en directo”.

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El dios asesinado en el servicio de caballeros, de Sergio S. Morán

el dios asesinado en el servicio de caballeros

el dios asesinado en el servicio de caballeros

Seguro que la has visto.

Te encontrabas en la cumbre del Aneto y cuando ibas a coronar el pico viste el resplandor. Circulabas a la máxima velocidad permitida por la M-40 y vislumbraste el seductor destello. Realizabas esquí acuático arrastrado por la lancha que posee tu amigo, bordeando la costa de Mallorca, y unas vigorosas partículas de luz se cruzaron en tu camino.

Claro que la has visto.

Y entonces sigues esa luz. No importa en qué lugar remoto te encuentres, la sigues, como si fueras una curiosa polilla que ha quedado hechizada por una vieja bombilla de 40 vatios. Seas de donde seas, vengas de donde vengas, el destino siempre es el mismo: una librería. Y entonces, tras ponerte unas gafas de sol para evitar daños irreversibles en las retinas, compruebas que la fuente de luz resulta ser un libro: El dios asesinado en el servicio de caballeros de Sergio S. Morán. Su portada, en la cual los diseñadores no han escatimado con los colores fucsia y amarillo pollo, logra que todos los demás libros que comparten emplazamiento junto a él sean tétricos, de colores desvaídos y con un aire tan melancólico que parecen invitarte a vivir en un desdichado invierno perpetuo.

Pero no solo de colores chispeantes vive este libro. En la parte inferior de la portada hay una figura: oscura, pequeña, resoluta y con un arma humeante. Bien, acabas de conocer a la protagonista de la novela, Verónica Guerra alias Parabellum, de oficio: detective de lo paranormal. Ella bien podría haber sido el fruto de una noche loca entre Sherlock Holmes y Anita Blake; o entre Flanagan y Buffy Cazavampiros; o entre John Constantine y Jessica Fletcher. Vale, borrad esa última pareja de vuestra mente si nos queréis gastaros vuestro sueldo en visitas al psicólogo.
Detective de lo paranormal o no, para que el negocio funcione, necesita clientes. “Los vampiros necesitan sangre, los dioses que los adoren… ¡Yo necesito comer! Y en el duro mundo de los mortales para eso se necesita dinero” Por suerte para ella éstos nunca le faltan; y quienes hacen uso de los servicios que presta Parabellum acostumbran a tener, como mínimo, dos puntos en común. El primero: viven en Barcelona o alrededores (ya que es la zona de acción de la detective). El segundo: han visto cosas o seres que pensaban que solo formaban parte de leyendas, y que únicamente algunos programas de televisión, expertos en el mundo del misterio, lo desconocido y otros enseres de cocina, trataban con fingida seriedad.

“No hay que dejar de sorprenderse nunca, mi querida Verónica. Si no, el mundo sería muy aburrido” afirma en un momento de la historia uno de sus clientes. Y eso es lo que es El dios asesinado en el servicio de caballeros: una agradable (y por supuesto nada aburrida) sorpresa; además de ser la opera prima de Sergio S. Morán, y la primera aventura en la que seguiremos a la experimentada detective. En esta ocasión Parabellum se enfrentará a un caso de asesinato que pondrá patas arriba las ya tirantes relaciones entre las deidades griegas y nórdicas, además de intentar aclarar el misterio de un fantasma enamoradizo y evitando, asimismo, por todos los medios, que su novio descubra a qué se dedica realmente. Así pues, mientras discurre la aventura y se desmadeja el caso, asistiremos a un variopinto desfile de seres mágicos tales como: minotauros, fantasmas, vampiros, dioses griegos y nórdicos y hasta algún que otro deus ex machina bien camuflado de resolución narrativa; oh gran salvador de eventos peliagudos. Todo este batiburrillo, y tras haber pasado por la coctelera del autor que agita con brío mezclando géneros como humor, novela negra y fantasía, dan como resultado un libro tan divertido como desvergonzado. El cual, sea dicho de paso, no solo goza de una protagonista dura y subversiva que se hace querer, sino que también posee algunos secundarios de lujo, como Killian: el ser feérico irlandés que regenta el pub Rainbow’s Arse. Un Clurichaun (que viene a ser el primo lejano y borracho de un Leprechaun) que posee un nutrido repertorio de palabras malsonantes que reparte entre sus parroquianos a la misma velocidad que sirve las cervezas. Un granuja de corta estatura que se valdría el solo para tirar adelante la trama completa de la obra; aunque fuera a patadas.

El dios asesinado en el servicio de caballeros no solo se mueve a ritmo de novela negra que se ríe de los propios clichés del género tras previamente hacerles un corte de mangas, sino que también se desplaza por un submundo repleto de acción a raudales. Ríete tú de Michael Bay y sus explosiones de chichinabo.

Ese ritmo frenético transcurre por una siniestra Ciudad Condal, de la cual se muestra menos de lo deseado desaprovechando escenarios emblemáticos y los cuales espero, y si Sergio S. Morán se anima con más aventuras de la detective, nos descubra en próximas entregas además de revelar más sobre los inicios de Parabellum, que en esta novela ofrece apenas unas pocas, e interesantísimas, migajas.

El dios asesinado en el servicio de caballeros es un libro perfecto para disfrutar este verano haciendo esquí acuático en Mallorca; el próximo invierno tras alcanzar la cima del Aneto; o en la otra vida, en el profundo y gélido inframundo, mientras mantienes a raya a todos esos demonios, que pretenden azotarte por haber sido un humano muy malo, usando como arma la mágica luz que irradia la portada.

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