
La vida para principiantes, de Slawomir Mrozek
No hay nada más subversivo que el humor. Cualquier tiranuelo tolerará la oposición, la protesta, la sedición, el insulto, e incluso el atentado con bombas, antes que el pitorreo. Y esto, que es válido para la política, lo es también, y quizá en mayor medida, para la literatura. Todos sabemos que un buen escritor ha de ser, ante todo, serio. Digámoslo claro: SERIO. Y solemne. Y trascendental. Sí, claro que nos gusta reír, y nos lo pasamos muy bien con los libros divertidos, pero en el fondo de nuestra conciencia, sabemos que, si es divertido, no puede ser “gran” literatura. Porque, claro, lo divertido no es serio. ¿Cómo? ¿Que El Quijote (o el que prefiráis) es divertido? Sí, pero probablemente hayáis notado que cuando la gente lo lee, exclama con gran sorpresa “¡pero si es divertido!”, y se guardan para sí la apostilla “¿cómo es posible?”
